Relato erótico

Tentador, irresistible y secreto

Charo
14 de enero del 2020

Cuando tienen reuniones familiares su cuñada coquetea con él. Las dos hermanas se llevan muy bien y su mujer insistió en que compraran una casa cerca de ella. Guardaban las herramientas en casa de sus cuñados y un día al ir a buscarlas oyó ruido en la habitación de matrimonio.

Carlos – Mérida
Hola, me llamo Carlos y la historia es que hace un año que estoy casado felizmente con Sara, pero antes del casamiento pasó algo que me marcará para toda la vida.
La hermana de Sara se llama Irene, está casada desde hace 2 años y cuando nosotros compramos una casa a media manzana de la casa de Irene, ella nos dio una copia de la llave de la puerta y otra del garaje donde guardábamos las herramientas que usábamos para la reparación de la casa.
Durante un tiempo noté que al saludarnos, en vez de darme un beso normal en la mejilla, lo hacía casi en el labio. Al principio yo solo ponía la cara hasta que un día yo también dirigí mis labios hacia los de ella y nos dimos un beso en la boca muy corto, así lo hicimos cada vez que nos saludábamos y teniendo mucho cuidado de que no nos vieran. Pasó un mes más o menos cuando un sábado por la mañana había ido solo al terreno a trabajar y entré en su casa a sacar las herramientas y al salir del cobertizo con ellas oí unos sonidos que venían de la habitación de ellos. Mi curiosidad pudo más que cualquier cosa y me acerqué. Ese día, Manolo su marido, había ido a trabajar para hacer horas extras.
Al acercarme miré por la ventana y ella estaba en la cama pero mi sorpresa fue que estaba completamente desnuda, de costado, de espaldas a la ventana y con una pierna un poco levantada. Sus manos en la entrepierna se movían muy despacio. Yo no sabía que hacer, me quedé por unos segundos mirando completamente sorprendido por ver a mi cuñada masturbándose, hasta que le dije:
– Me encanta lo que estoy viendo…
– ¡Idiota! Vaya susto – me dijo, mientras se trataba de tapar con las sábanas que estaban caídas en los pies de la cama.
En ese momento pude ver sus pechos, blancos y muy grandes y sus nalgas, al tratar de levantar las sábanas. Después de taparse me dijo que me fuera.
– Está bien, pero no pidas que me olvide de esto – le dije.
Me fui hacia la puerta de entrada, pero antes de llegar, ella abrió la puerta de la habitación y me dijo:
– Espera, ven, no quiero que te vayas.
– ¿Qué pasa? – le pregunté dándome la vuelta y acercándome a ella.
– Lo que pasa es que no quiero quedarme así – contestó.

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– ¿Así… como…? – le dije
– Ya lo sabes.
Me acerqué a ella, cerré la puerta, dejé las herramientas a un costado y ella comenzó a besarme. Su lengua era muy jugosa, parecía querer absorber toda mi saliva y no tardé mucho en sacarme la camisa que llevaba y al sentir sus pechos contra mi piel ya estaba a mil. Entonces comencé a besarle el cuello y a bajar hasta sus pezones que se sentían muy duros y muy suaves a la vez. Comenzó a meter su mano por mi pantalón y no tardo en desabrochármelo, metiendo su mano para coger mi sexo con mucha suavidad y lo empezó a masajear en un sube y baja muy lento. Para entonces el grado de excitación de los dos era inmenso.
Después de un rato acariciándonos y tras haberme sacado los pantalones y quedar completamente desnudo, le cogí las piernas y la levanté contra mí, quedando su sexo por encima del mío. Así fuimos hasta la cama rozando a cada paso nuestros sexos. Al llegar la recosté boca arriba y con mi lengua empecé a recorrerla, primero por el cuello, luego por su pecho, pasando por entre medio de sus tetas y luego degustando sus pezones. Al cabo de unos minutos y tras haber explorado con mi mano entre sus piernas, seguí lamiendo su cuerpo, bajando al vientre y poco a poco, muy despacio, llegando a su ingle y encontrándome con sus vellos púbicos me deslicé, respirando muy fuerte, hasta llegar a su clítoris que estaba muy durito y erecto al igual que mi sexo.
Con mi lengua jugué con ese botoncito, con mucha dulzura. Ella me cogía por el pelo y empujaba mi cabeza hacia ella como queriendo que entrase allí. Absorbí todos sus jugos durante un buen rato, los cuales eran muy abundantes y aumentaban cada vez más.
Su respiración crecía hasta que comenzó a gemir de placer, notando una gran cantidad de flujo vaginal. Supe que había llegado a un orgasmo y me dijo:
– No pares, sigue un poco más… que no se termine nunca…
Así lo hice hasta que separó mi cabeza de su coño y me pidió que me acostara, empezando entonces a devolverme el placer que le había dado yo, pero no besó mi cuello, ni mi pecho, ni nada. Se puso encima de mí, con su boca a la altura de mi polla y su coño a la altura de mi cara y comenzó a lamer como si fuese un helado, primero por el glande y luego por todo el tronco, hasta que se lo metió todo en la boca y empezó a bajar y subir con un ritmo lento. Yo respondía a cada movimiento lamiendo de nuevo su sexo, totalmente mojado por sus jugos.
Después de unos minutos de lamernos y chuparnos le dije que parase porque estaba a punto de eyacular. Ella se detuvo un instante, me miró y luego volvió a lo que estaba haciendo, pero esta vez aumentando el ritmo. Entonces comprendí lo que quería. Yo seguí lamiendo su sexo de forma desenfrenada hasta que su respiración volvió a aumentar al igual que sus gemidos, esto me excitaba aún más hasta que de nuevo sus jugos aumentaron y en ese momento, entre sus jugos y su mamada, eyaculé en un orgasmo interminable como pocos en mi vida, mientras ella seguía gimiendo y absorbiendo mi leche en forma sedienta.
Luego nos quedamos en esa posición rendidos y exhaustos por unos cuantos minutos, solo respirando y sin decir ninguna palabra. Parecía que ninguno de los dos se animaba a decir nada, cosa rara, después de haber estado juntos en la cama. Pero me animé y le dije:
– ¿Como queda esto ahora?

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– Queda como está, tú con tu vida y yo con la mía – contestó.
– ¿Después de esto vamos a poder disimular frente a todos?
– Yo espero que sí, pero… ¿esto es todo? ¿Por esto solo me arriesgué? – me dijo.
– ¡Ah, bueno! – dije yo – No pensé que eras así.
– ¡Soy así y mucho más! – exclamó.
Se incorporó de la postura en que estaba y se puso encima de mí, de frente, y empezó a moverse sobre mi sexo nuevamente con lo cual mi pene volvió a levantarse. Yo intenté varias veces penetrarla pero como estaba arriba no se dejaba. Entonces le pregunté qué pasaba y me dijo que estaba en sus días fértiles y que tenía miedo, pero añadió que no me preocupara, que ahora venía lo mejor. Después de moverse un rato más y de besarme de manera desesperada, me cogió las manos y las llevó a sus nalgas, las cuales eran firmes y bien redondas. Yo empecé a masajearlas y se las separaba, respondiendo ella con una sonrisa. Luego agarró mi mano derecha, cogió mi dedo y se lo llevó a la boca, comenzando a chuparlo durante unos segundos y luego lo dirigió hacia su ano e hizo que empezara a acariciarle y a recorrer los bordes de este agujerito.
Cuando soltó mi mano, yo quedé con el control de al situación y con un poco de presión sentí como mi dedo se metía por su orificio anal, el cual respondía con contracciones de su esfínter, luego lo saqué y lubriqué su ano con los jugos de su chocho y así, después de hacer movimientos en circulo con mi dedo dentro de su culo, pude introducir un segundo dedo, el cual costó un poco que entrase.
Irene soltó unos gemidos de dolor que no tardaron en convertirse en gemidos de placer. Después sacó mis dedos con su mano, se recostó boca arriba con las piernas bien abiertas y colocó debajo de su cintura la almohada de manera que quedaba toda su vagina y su ano a mi disposición. Me acerqué con mi sexo, totalmente a punto de estallar, y comencé a frotarlo por su vagina y su ano sin hacer presión, así un rato hasta que ella cogió mi polla, la llevó directamente a su ano y me dijo:
– ¡Por favor ahora!
Con mi polla bastante mojada por los jugos de su chocho empujé hacia adentro y con un poco de dificultad vi como mi glande se introducía en su ano. Irene se quejó pero me apretó de las nalgas y me empujó hacia ella hasta que todo mi sexo estaba dentro de su culo. Me mantuvo así durante unos instantes y luego al soltarme empecé a moverme muy despacio ya que a mi también me resultaba un poco doloroso.

el marido e mi

La situación era muy excitante. Mientras yo la penetraba analmente la ayudaba masajeando su clítoris con sus manos y las mías a la vez que introducía mis dedos en su coño. Después de unos minutos muy intensos, sentí como cerraba sus piernas por detrás de mí, apretándome, gimiendo y dejándome casi sin poder moverme. Sus gemidos, su respiración acelerada y la presión de sus talones en mi culo hicieron que eyaculara dentro de su ano a lo que ella respondía con contracciones del esfínter aumentando el placer y el orgasmo más espectacular de mi vida.
He tenido relaciones de este tipo con otras personas, pero creo que el hecho de lo prohibido hizo, de este, uno de mis mejores encuentros sexuales. Jamás hubiese imaginado que mi cuñadita de 24 años, maestra de primaria y con unos comportamientos sociales intachables, fuese tan tremenda en la cama.
Después de esto nos prometimos un nuevo encuentro, que hasta ahora sigue pendiente, pero cada vez que nos vemos lo recordamos con algún gesto o guiño de ojos, o como siempre… el beso a medio labio.
Saludos.

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