Relato erótico

Reviviendo el pasado

Charo
18 de abril del 2019

Tiene novia desde hace unos meses y reconoce que lo tiene loquito. Los invitaron a una fiesta. Fueron pero tenía la intención de poder disfrutar algún rato a solas con ella. Se encontraron con una amiga de ella. Habían ido al colegio juntas y después por causas que no vienen al caso se cambio de ciudad.

Gabriel – Barcelona
Hola, mi nombre es Gabriel, tengo 24 años, soy moreno, 1,78, atlético, y tímido. Mi novia se llama Anna tiene un año menos que yo, y la verdad es que es muy guapa, es morena, 1,66, delgadita y tiene un cuerpo que apetece comérselo a bocados en cualquier momento. Llevamos juntos desde comienzos del verano, y la verdad es que espero que dure mucho.
Yo estoy estudiando psicología y entre mis compañeros hay una chica con la que tengo buena relación, y me llevo muy bien con ella. Se llama Norma y es la típica niña rubita con cara muy dulce, sonrisa preciosa, y ojos claros, que te dejan sin sentido solo mirarlos.
Todo comenzó en una fiesta de facultades que se celebran de vez en cuando. Yo fui con mi novia y unos amigos a pasarlo en grande, disfrutar del gentío y del alcohol. Llevábamos ya un rato bebiendo, bailando y disfrutando, cuando poco a poco Anna y yo nos íbamos quedando más solos para tener más intimidad y disfrutar de nosotros. Anna no bebe demasiado así que cuando ocurre, se desmadra, y a mí me encantan esos momentos. Yo había conseguido que un amigo me dejara la llave de su piso para rematar la faena ese día.
En uno de esos momentos que sientes que el mundo se para, abrazado a ella, saboreando sus labios, jugando con nuestras lenguas, mirándonos a los ojos como si fuera el refugio para cobijarse, cuando de repente una mano me tocó la espalda.
– Hombre, Gabriel. ¿No esperaba verte por aquí? – era Norma, mi compañera de clase.
– ¿Qué tal, Norma? No podía perderme la fiesta.
En ese momento me di cuenta de que Anna y Norma no se conocían, y procedí a las presentaciones.
– Norma, esta es mi novia, Anna.
Se saludaron y a partir de aquí empezaron a contarse sus historias. Ambas habían ido al mismo colegio hasta los 16 años en que los padres de Norma tuvieron que trasladarse a Valencia por trabajo, y el destino había querido que ella volviera aquí para estudiar. Las dos eran compañeras de clase y muy amigas, pero cuando Norma se fue a Valencia, perdieron el contacto y no se habían vuelto a ver. La fiesta transcurría entre las anécdotas de una y las de la otra. Ambas estaban lo suficientemente contentillas por no decir borrachas, pero seguían disfrutando entre risas y cosas. Las llaves del piso de mi amigo esperaban en el bolsillo, y me parecía que al final no las iba a aprovechar.

– Voy al servicio – dijo Norma – ¿Me acompañas? – continuó dirigiéndose a mi novia.
– Vamos – contestó Anna.
Yo pensaba como podría librarme de Norma para disfrutar con mi novia, pero resulta difícil separar a dos amigas que hace tanto tiempo que no se ven y tienen tanto que contarse. Estaba pensando en ello, cuando decidí ir a espiarlas, por un pequeño ventanal vi como las dos se besaban y acariciaban muy tiernamente, mi bulto creció de golpe, pero preferí retirarme, volví a mi lugar y cuando volvieron, me dijo Norma con una sonrisa de la suyas:
– ¿No te habrás aburrido?
– Espero que vosotras tampoco – contesté, devolviéndole la sonrisa.
– Os invito a mi piso a seguir charlando. Creo que ya estoy bastante borracha, y aquí ya hay demasiada gente. ¿Os animáis?
– ¿Te apetece? – me preguntó mi novia.
Yo no sabía que responder, mis planes se había venido abajo, pero lo que había visto me excitaba lo suficiente, y como cualquier hombre, pensé que quizá pudiera acabar liándome con las dos.
Al llegar a su piso, el típico de estudiantes, estaba bastante desordenado. Nos sentamos en el salón, mientras Norma recogía algunos trapillos suyos que tenía esparcidos por el salón y nos iba a buscar algo de beber. Anna, mi novia, comenzó a hacerme caricias y darme besitos para que me animara pues me había visto un poco pensativo.
– ¿Qué te pasa, cariño? Estás un poco ido – me preguntó.
Aprovechando que estaba solo con ella, le dije:
– Os he visto en el servicio.
– ¿Qué has visto? – dijo Anna intentando disimular.
– A ti y a Norma – contesté.
En ese momento llegó por detrás Norma y me dijo:
– Solo estábamos recordando viejos momentos. ¿No estarás celoso? Ella te quiere a ti.
– ¿Viejos momentos? – pregunté dándome la vuelta…
– Si, Gabriel – contestó mi novia – Cuando estábamos en el colegio, alguna vez sentimos la necesidad de experimentar el placer de sentir a otra mujer. Éramos adolescentes, la curiosidad, ya sabes…
– ¿Ya sé? ¿Qué es lo que sé? Yo no sé nada más que lo que tú me cuentas.
– ¿Qué más da? – preguntó Norma – ¿O es que te excita? No deberías enfadarte en una situación que a todos los hombres les excita, ¿a ti no? – continuó.
Me dejó sin palabras, sin saber que responder, pero Norma continuó hablando.
– Y yo estaría dispuesta a enseñarte lo que hacíamos… si Anna quiere, claro. Anna solo sonrió, como asintiendo y de mis labios solo salió preguntar:
– ¿A qué te refieres?
– A que disfrutes viendo como dos amigas disfrutan juntas, y contigo. ¿Te apetece? – siguió Norma.

Esto último lo dijo dejando caer su chaqueta al suelo y dirigiéndose donde estaba mi novia. Mi novia se acercó a mí y suavemente me besó en los labios, haciéndome sentir lo que necesitaba para animarme a vivir esa experiencia. Luego, lentamente, fue separándose de mí, agarró la mano de Norma y mi novia entonces estiró el brazo para darme la otra mano, invitándome a ir con ellas. Los tres entramos en la habitación de Norma. Yo me senté en la cama, mientras ellas de pie, comenzaron a besarse. Mi polla empezó a querer levantarse. Se besaban con dulzura y con mucha pasión, y deseándose al mismo tiempo. Yo también las deseaba. Norma fue levantando la blusa a mi novia. Su sujetador quedó a la vista, aunque no por mucho tiempo, ya que Norma ya se disponía a quitárselo.
Mi polla disfrutaba viendo ese espectáculo. Mi novia tan morenita, Norma con su piel clara, eran tan distintas pero tan bellas ambas que se me debió quedar cara de tonto allí, mirando. Norma comenzó a bajar los pantalones a mi novia, y poco después cayó su tanguita. Con un ligero empujón de Norma, Anna cayó junto a mí, en la cama. Norma seguía besando a mi novia, mientras sus manos acariciaban sus pechos, situación que me animó a ayudarla en la tarea de saborear el cuerpo de Norma.
Mientras mi novia disfrutaba de sus pechos, mis manos se animaron a entrar en contacto con Norma. Su piel era muy suave, y me vi tentado a saborear sus pechos. La imagen era espectacular mientras yo besaba un pecho, mi novia, se dedicaba a besar el otro. En ese momento, decidí perder el miedo a todo, y quise probar los besos de Norma. Me lancé a su boca, que recibió con pasión la mía. Su lengua jugaba con la mía, y sus ojos me miraban fijamente, lo que hacían que mi polla estallara dentro del pantalón.
Era increíble lo que me sucedía, y lo estaba disfrutando. Poco a poco fui bajando por el cuerpo de Norma, y acercando a mi novia que estaba jugando con el clítoris de Norma. Mi novia me sonrió, y me dio un beso, invitando a saborear aquello que ella había estado saboreando antes. Tenía un coñito rosado con unos labios que apetecía saborear, estaba muy húmedo y caliente, era delicioso. Mientras tanto mi novia estaba morreándose de nuevo con Norma.
Anna se sentó sobre la cara de Norma para que le diese placer, y calmara el calor que llevaba dentro. Yo disfrutaba como un loco con este juego, pero deseaba ya que mi polla saliera al exterior, y tuviera su desahogo, pero no sabía si eso ocurriría. Yo jugaba con mis dedos y mi boca en el coño de Norma, y ésta a su vez hacía lo mismo con mi novia. Era increíble.
Poco después vi como mi novia le decía algo al oído de Norma, a lo que esta asintió. Norma se levantó, me agarró por la cabeza, y me dio un beso de los que no se olvidan.

Mi novia se acercó también y empezó a besar mis orejas y mi cuello. Yo me derretía, dos mujeres para mí, y dos bellezas.
Lentamente, empezaron a desnudarme, primero la camisa, luego los pantalones y por último los calzoncillos. Claro, para entonces, mi polla estaba en su máximo esplendor, y ellas quisieron darle placer. Mi boca era la primera vez que sentía el calor de dos bocas saboreándola, de vez en cuando dejaban mi polla, y jugaban entre ellas con su lengua. Yo las miraba y me volvía loco.
– Quiero sentirte dentro – me dijo mi novia al tiempo que se subía encima de mí para meter mi polla en su coño.
Norma, mientras tanto, jugaba con mis huevos y con el culo de Anna. Era maravilloso sentir como alguien jugueteaba con mis huevos mientras me follaba a mi novia.
– Yo también quiero montar en tu caballito, Anna, ¿me dejas? – dijo Norma.
Yo alucinaba. La respuesta de mi novia fue levantarse y permitir a Norma introducirse mi polla en su coño. ¡Que gusto que placer! Norma cabalgaba sobre mí con mucha fuerza y pasión y mi novia jugueteaba con nosotros unas veces con Norma y sus tetas, otras conmigo y mis huevos. Así estuvimos un buen rato intercambiándose, disfrutando todos de todo, y perdiendo todos los prejuicios.
Cuando llegó el momento en que no pude más, porque mi polla necesitaba descargar, ambas se colocaron dispuestas a recoger con sus caras mi semen. Cuanto más miraba a esas dos preciosidades esperando mi leche, más me reventaba la polla, y al final reventó realmente. Me corrí sobre ellas manchándolas de semen por toda la cara, y luego ellas se dedicaron a limpiarse la una a la otra con sus lenguas.
Fue una tarde-noche fantástica que deseaba no acabara nunca.

Después de esto, estuvimos charlando, intercambiando besos y caricias, para acabar en una ducha juntos. El resultado de todo eso fue que desde este primer encuentro, hubo muchos más, pero eso ya es otra historia.
Saludos de los tres.

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