Relato erótico

Los “picores” de mi futura suegra

Charo
5 de diciembre del 2017

Aquel día fue a casa de su novia. Su madre era muy amable y estaba muy buena, de hecho, confiesa que le ponía cachondo. Las oyó hablar desde la cocina, la madre le contaba a la hija que había ido a depilarse y le escocia todo. Su novia le pidió si podía echarle un vistazo, mientras ella iba a correos.

Manuel – Castellón

Me llamo Manuel, tengo 24 años, soy masajista y fisioterapeuta. Trabajo en un gabinete donde principalmente atendemos a deportistas y atletas de diversos deportes, entre ellos, principalmente, futbolistas y ciclistas de equipos amateur de la ciudad.
No es un gran trabajo, pero como me gusta, estoy encantado de ejercerlo, y a la vez, me permite vivir de él, de forma desahogada, económicamente hablando.
Hace unos meses, conocí a la que hoy es mi novia, Sonia es su nombre. Es una chica muy bonita, alta, con un cuerpo rellenito, pero muy proporcionado. Su mejor atributo femenino, si hubiera de escoger uno de ellos, sin dudar sería su culo. Lo tiene redondo, apretado, pero, con una piel absolutamente lisa, tersa y sin indicios de celulitis, estrías, ni otras máculas similares. En definitiva, un culo digno de mostrarse en un museo.
Durante unos meses, salimos, íbamos a bailar, de disco, etc. Yo le recogía en la puerta de su casa, pero aún no había entrado en su casa.
Su madre, Julia, se dedicaba a sus labores, que por lo visto, consistían en acudir a los salones de belleza, el gimnasio, y reunirse con las amigas a cotillear. Pude comprobar cuando comencé a entrar en casa, que era una mujer bellísima, de cuerpo muy cuidado, escultural. La verdad es que, si mi novia estaba bien, tenía a quien parecerse, pues resultó ser una mujer más que apetecible. Además era de trato muy agradable y cercano, por lo que, mis visitas a su casa, empezaron a tener otro aliciente añadido. Lo confieso, me ponía cachondo. Mi ocasión, me llegó un día en que ella, había ido al salón de belleza.
Al parecer, había ido a hacerse la depilación, y no había quedado muy satisfecha con el trabajo que le habían hecho. Le había aplicado la cera demasiado caliente, y sentía un escozor muy molesto.
-Bueno mamá, cuando venga, te lo veo. Ahora no me puedo entretener más. Tengo que ir al centro a recoger un envío postal a la Central de Correos. Si quieres, que te lo mire Manuel, que al fin y al cabo, entiende de esto bastante, pues en su trabajo, también hacen depilaciones a deportistas.
Desde el pasillo, Sonia se despidió de mí, no sin antes pedirme que echara una ojeada al desastre, que al parecer, le habían hecho a su madre, mientras ella acudía al centro a recoger el paquete.
Me dirigí a la cocina, con la sana intención de ayudar a la madre de mi novia a mitigar sus molestias.
La encontré sentada en el filo de una de las sillas, con la falda bastante levantada, sobre sus muslos, haciéndose aire con un cartón. La visión que me proporcionó, fue deliciosa. Sus piernas, desde los pies, hasta sus muslos eran perfectas.
-¿Qué le ocurre, Julia? –le pregunté.

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Sorprendida, bajó su falda hasta sus rodillas, mientras se continuaba haciendo aire con el cartón. La cara se le puso roja de vergüenza.
Tímidamente, comenzó a explicarme lo de la depilación. Haciéndome el interesado, le hice subirse de nuevo la falda, mientras me arrodillaba junto a ella. Pude entonces contemplar aquellas columnas, sin corte ni disimulo alguno. Aprecié rápidamente, que lo único que tenía era un enrojecimiento, causado por una irritación pasajera, debida a la inexperiencia de la chica que la había depilado, y que fácilmente, podía haberse solucionado con la aplicación de una loción calmante.
Pero no iba a desaprovechar aquella ocasión de oro, para halagarme la vista todo lo que pudiera.
-Dígame, ¿tiene en casa alguna loción ó crema para quemaduras?
-Pues no sé… en el cuarto de aseo está el botiquín.
-Mire,… -dije- para poder tratar bien esto, tendría que ponerse tendida, mientras yo le examino. Mejor, si se pone en el sofá del salón, sobre una sábana, ó una toalla grande, para que me permita tratar la zona mejor, y no manchar el sofá.
Mientras me dirigía al aseo, ella extendió una sábana sobre el sofá. En el botiquín encontré una pomada adecuada para el caso, pero, se la iba a extender yo mismo. Con mis manitas.
Regresé al salón. Ella, se encontraba de pié, junto al sofá esperándome.
-Humm…veamos… -dije- mejor si se quita la falda, para no mancharla.
Ella se quitó la falda, y….Ohhh! aquella visión, sí era gloriosa. Sus muslos remataban en un vientre plano por delante, cubierto ligeramente por unas braguitas, que no podían ocultar demasiado. Mi polla se estremeció.
-Túmbese boca arriba primero, –le dije, mientras comenzaba a retirar el tapón del tubo de pomada.
Se tumbó. Acerqué una silla al sofá, para sentarme en el filo de la misma. Comencé a frotar con las palmas de mis manos, embadurnadas con la pomada, la suave y levemente enrojecida piel de las piernas de Julia. Se estremeció al primer contacto.
-Verá… esta pomada es muy buena, pero, hay que saberla aplicar correctamente… hay que hacerlo suave… hacia arriba… hacia abajo…sin dejar ninguna zona sin frotar,… así,… insistiendo,… hasta que se absorba totalmente.
Le miré a la cara. Tenía los ojos cerrados. Mi polla empujaba sobre la tela de mi pantalón. Era la madre de mi novia, sí, pero me estaba poniendo a mil. Comenzaba a respirar un poco agitada. Sin duda, ya le escocía menos. Pero, creo que ahora sufría otro tipo de afección.
-Así,… así,… hay que trabajar la zona bien, para que no se extienda la inflamación… ¡Ufff…!
Creí que debía dar por acabado el tratamiento, cuando Julia me dijo:
-Manuel,… es que,… verás,… la depilación que me hicieron, fue integral….
¿Quéééé,…? ¿Me estaba insinuando que le pusiera pomadita también en…?
Yo, tragué saliva… mi polla, debió tragar semen…

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Con la mayor naturalidad que pude, le quité las braguitas, y ella dobló las rodillas y se abrió de piernas… Tuve que sentarme a sus pies, porque mis piernas temblaban, no me sostenían…
La muy guarra se dio cuenta de lo que abultaban mis pantalones y mi hizo levantar, bajo la cremallera, sacó mi inflamada polla y empezó a mamármela. Se notaba que tenía experiencia, y para que pudiera chuparla mejor, me saqué los pantalones y los calzoncillos. En cuanto cayeron al suelo volvió a mamármela como una posesa.
Me masajeaba los huevos, se los ponía en la boca y me succionaba la polla de una forma que ya no podía resistir más y dije:
-Por favor, pare que voy a correrme.
Mi petición, le hizo un efecto contrario, me agarró los huevos con una mano, me la pajeaba con la otra y mamaba sin parar. Me corrí como un adolescente. Tuve una eyaculación que larga y satisfactoria. No recordaba haberme corrido nunca como aquel día. Se tragó toda la leche y se relamió los labios.
Cuando acabó, sonriendo me dijo:
-Bueno, te he devuelto el favor. Tú me has mejorado mis es escozores y yo te he arreglado los tuyos. Creo que sería una lástima no aprovecharme de tus conocimientos, teniéndote tan a mano… ¿verdad…?
Se incorporó y se arreglo la ropa. Apenas había terminado de vestirse y de recoger la sábana, cuando mi novia entró.
-¡Hola,… ya estoy aquí…!
Salí a su encuentro, y le di un beso. Me preguntó:
-¿Le has echado un vistazo a las piernas de mi madre?
-Sí, claro. Le he puesto una pomada, y se le está pasando…

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Mi suegra, se acercó y dijo:
-Hija, este Manuel, es un primor… lo siento, pero pienso abusar de él cada vez que lo necesite…
Me miró a los ojos, y vi en ellos una complicidad muy pícara.
-Claro… -dije- para eso estamos,… ya sabe…
Sí, ella ya sabía que podía abusar de mí,… en todos los sentidos,… no pensaba oponerme…
En ese momento, creí ser el hombre más afortunado del mundo. Tenía una novia preciosa, y una suegra putona y mamona.
Ya os seguiré contando.

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