Relato erótico

En el fragor de la noche

Charo
31 de diciembre del 2018

Aquella noche su amiga se quedaba a dormir en su casa, estuvieron hablando hasta tarde y se dieron cuenta de que se les había acabado el tabaco. El único bar que estaba abierto estaba al lado de su casa y, normalmente, estaba frecuentado por hombres negros.

Julia – BARCELONA
Amiga Charo, cerca de mi casa hay una cafetería donde siempre que me fijaba todos sus clientes eran apuestos chicos negros. En las ocasiones en la que tuve que pasar por delante me piropeaban y me sonreían.
Una noche mi amiga Teresa se quedó a dormir en mi casa y a las doce de la noche nos dimos cuenta de que no quedaban cigarros y nos apetecía tomar una copa. A esa hora cerca de casa le dije que lo único abierto que podía estar era la cafetería de los negros. No teníamos ganas de conducir hasta una gasolinera por lo que decidimos ir hasta esa cafetería, salimos sin mucho arreglo con camisetas de tirantes, falda corta, deportivas y poco maquillaje.
Cuando llegamos el local estaba animado casi todos eran hombres aunque habían unas cuantas mujeres, todas de color. Sorteando a varios grupos encontramos un hueco en la barra. Al llegar las dos nos miramos y reímos ya que estábamos rodeadas de hombres negros, algunos muy grandes. Por el camino no había podido evitar rozarme con unos cuantos y mi amiga dijo que a ella le tocaron el culo dos veces. De todas formas nos sentimos seguras, el ambiente era bueno, el camarero vino a dar con nosotras y decidimos tomarnos una copa allí mismo. Compramos cigarros, cada una echó una mirada general y cuando iba a encender mi cigarro un tío tremendo me ofreció fuego. Mientras encendía el cigarro lo miré como pude, inmediatamente busqué a Teresa y ella estaba siendo atendida como yo por otro tío.
Por fin las dos nos miramos, nos acercamos y al oído coincidimos en exclamar “¡vaya tíos!”. Tomamos nuestras copas, brindamos y sin mediar palabra cada una se puso a hablar con ellos. Mi negro era alto, mi cabeza llegaba a sus hombros, sus manos podían atrapar mi brazo, sus labios grandes y carnosos nariz y ojos pequeños, bien proporcionado pero sin marcar sus músculos excesivamente. El negro de Teresa era más bajo pero más atractivo, con mechones, nariz grande, ojos verdes y una boca muy grande con el labio inferior carnoso.
Para hablar con mi negro y por el ruido teníamos, que hacerlo al oído, y cuando él me decía algo, tocaba su brazo y disfrutaba del roce de sus labios en mi oreja, me quedaba disfrutando unos segundos, y cuando era yo la que tenía que hablarle pegaba mis pechos a él dejándolos en contacto con sus manos.

A la cuarta ocasión que volvía hablarme al oído giré mi cara y él la suya, rozándose nuestros labios, pero contuve mis deseos de besarme allí con él aunque apreté su culo con una mano. Mi amante puso también su mano en mi culo metiéndola bajo la falda y acariciando toda mi entrepierna.
– Aquí no quiero seguir – le dije – Vamos a mi casa.
Me acerqué a Teresas y le dije que me iba a casa con él y mi amiga añadió que ella también se iba con su chico a casa.
Salimos los cuatro juntos y por el camino no pude esperar más y me dediqué apasionada a besar y a morder aquellos labios. Un beso increíble atrapada entre sus labios y nuestras lenguas. Ya en el ascensor dediqué mis manos a sobar su paquete, notando como su verga iba creciendo mientras él metía sus manos bajo mi tanga abriendo con sus dedos los labios de mi coño.
Entramos y lo llevé directamente a mi habitación, sentada en la cama le bajé los pantalones dejando al alcance de mi boca su hermoso miembro. Me excité sola al ver esa bonita polla que me puse a mamarla, a devorarla con pasión mientras mi amante se desnudaba y me quitaba la camiseta a mí. Su verga se fue poniendo muy dura, con la lengua recorrí su tronco bajando hasta lamer sus huevos y entregada a ella la abrigué entre mis pechos rozando con la lengua toda su cabeza y mis pezones.
Luego me puse en pie lentamente acariciando mis pezones sobre su torso y con la lengua lamiéndole el estómago y sus pechos hasta fundir mi boca con sus carnosos labios. El agarró mis pechos con sus manos estrujándolos y lamiendo mis pezones hasta ponerlos muy erectos, a continuación me tumbó sobre la cama quitándome la falda y el tanga. Yo, en el acto, abrí las piernas dejando que chupara toda mi coño pasando su lengua desde mi ano hasta el clítoris metiendo la lengua por mi cueva.
Después de hacerme una chupada por toda mi almeja, que me dejó excitada deseando más, su verga abrió los labios de mi coño entrando ricamente en mí, estremeciéndome de placer y teniendo un orgasmo mientras me penetraba. Lentamente me fue follando mientras que sus manos apretaban con fuerza mis pechos, al mismo tiempo con una mano me tocaba el clítoris.
Pero deseaba subirme a cabalgar esa verga y en cuanto pude acosté a mi hombre y abriendo las piernas metí su polla en mí moviendo las caderas muy rápidamente hasta que sentí que no podía aguantar más y me corrí. Tuve varios orgasmos y cada mordisco que me daba en los pezones volvía a tener otros orgasmos.
Poco antes de correrse mi negro sacó su polla y con las manos seguí pajeándola hasta que soltó un chorro de semen que llegó a mis pechos y yo me incliné a chuparla, probando su semen hasta la última gota.
Me había olvidado de mi amiga Teresa y su negro que seguían en el salón de casa, pero por los jadeos que podía oír tenían que estar pasándolo muy bien.

Mi amante y yo fuimos al baño a lavarnos y al salir del baño fuimos a ver a nuestros amigos que seguían follando.
Cuando llegamos, el negro de mi amiga estaba sentado en una silla, ella abierta de piernas y de espaldas a él cabalgaba su polla dentro de su chocho. Me puse al lado de Teresa y pude ver que el miembro de su amante, de lo grueso y grande que era, no podía meterla entera dentro de su coño. Esa imagen me excitó acercándome a ellos y mi amiga me lamió los pezones y luego nos besamos en la boca antes de que yo me arrodillara bajando a lamer el clítoris de Teresa y mamar los huevos y el tronco de aquella hermosa verga que al mismo tiempo la follaba.
Mi negro se unió al grupo chupando los senos de Teresa y besándola. Teresa agarró su verga y se puso a mamarla sin dejar de follar sobre su hombre. Yo seguía lamiéndole a mi amiga el clítoris y parte de aquella verga esperando a poder mamarla entera. Mi espera tuvo premio cuando salió un momento del coño de Teresa. Tuve que abrir bien la boca para poder meter esa verga, empapada con los flujos de mi amiga pero la chupé deleitándome como una loca con aquel tremendo chupete. Luego, sujetándola con la mano, volví a meterla en la cueva de mi amiga.
Mi negro, después de la rica mamada que Teresa le había hecho, se puso detrás de mí follándome a gatas mientras seguía chupándoles. Enterrando su polla dentro de mí me follaba hasta golpear sus testículos en mi coño. Sus folladas volvieron a darme varios orgasmos, me sentía totalmente poseída, oliendo a sexo, saboreando los flujos vaginales de mi amiga y al mismo tiempo muy lasciva deseando que no pararan de follarme.
Sentí en mi boca cuando el negro de mi amiga se iba a correr y dentro de ella soltó el primer chorro pero parte de su semen bajó por el tronco de su verga que sin dudar probé. Cuando sacó su verga del coño de Teresa, salpicando mi rostro con su cálido semen, la metí en mi boca chupándola, sintiendo como palpitaba y saboreando el caliente semen que soltaba.
Al instante Teresa vino a mi lado a mamar juntas aquella maravillosa verga compartiendo su semen. Mi negro dejó de follarme y sacando su polla también se corrió en mi espalda, momento en que Teresa agarró su verga tragándose hasta la última gota de semen que salía. En cada mano tenía una polla que estuvo mamando un buen rato.

Los cuatro estábamos cansados y se nos había hecho tarde, pero quedamos en volver a vernos al darnos los teléfonos. Les comentamos que Teresa tiene novio y que debían ser discretos.
Besos de las dos.

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