Relato erótico

Hasta el agotamiento

Charo
1 de diciembre del 2019

Su amigo había organizado un evento por todo lo alto. La fiesta fue un éxito total. Allí conoció a tres chicas que no pararon hasta que consiguieron “agotarlos”

Víctor – Madrid

El láser atravesaba e iluminaba los cuerpos en la pista de baile. Los mejores Dj’s se turnaban en los platos y mi amigo Salvador, el promotor de la fiesta, estaba contento, había sido un absoluto éxito. En el reservado vip, las bailarinas descansaban y algunas chicas se habían colado, dispuestas a todo, en la mesa botellas de cava en cubiteras de hielo, una chica espléndida, con el pelo de colores, una minifalda y un top, se acercó y me dijo si la invitaba a algo. A pesar de ser yo un invitado, hice de anfitrión, le llené una copa y se la ofrecí, comenzamos a charlar, se sentó junto a mí y mientras hablamos me fijé que llevaba un piercing en la lengua, bromeé:

– ¡Joder, llevas un piercing en la lengua!

Ella sonrió, me tiré a la piscina:

– Dicen que las mamadas con el piercing, son un punto, el contraste de la boquita caliente y el frio del metal…

– ¿Es que no lo has probado nunca?

– No, soy un cuarentón pasado de moda…

– Pues ya es hora de que espabiles

Me dijo mientras cogía una botella de cava y con la otra me cogía y me llevaba a la parte más apartada del reservado. Con una cara de vicio y de travesura total, desató mi cinturón y mi pantalón, me los bajó y también bajó mis slips. Comenzó a acariciar mis pelotas y se metió mi polla en la boca, lamiendo la punta y chupando mi capullo con fuerza.

En cuestión de segundos la tenía como una roca de dura. Era verdad que la bolita del piercing daba un puntito guapo. La chica estaba sentada a mi lado e inclinada, acaricié su cabello mientras disfrutaba de la mamada.

Una amiga suya que estaba pendiente de nosotros, cogió una copa y se acercó pidiéndonos ponerse un poco de nuestra botella, seguidamente me miró como pidiendo permiso para participar, le sonreí, se quito el top y me ofreció sus tetas pequeñitas y blancas. Las chupé, que gustazo… Ahora la otra chica estaba de rodillas entre mis piernas, mientras me morreaba con su amiga. Mis manos habían bajado sus braguitas y mis dedos hurgaban en su coñito mojado.

Salvador se acercó a nosotros y sin decir nada, sacó su polla empalmada, se puso detrás de la chica que me la estaba mamando, le bajó las bragas y le clavó la polla sin contemplaciones. Cada vez que empujaba su polla en el coño de la chica, mi polla le llegaba a esta hasta la garganta. La chica que me estaba morreando, apartó a la que me la estaba chupando, se subió sobre mí y se dejó caer sobre mi polla, clavándosela hasta la raíz.

Llegó otra chica más, esta era muy delgada, pero con unas tetas tremendas que resaltaban más con su delgadez. Se sentó junto a mí y se quitó el suéter, empezó a morrearse y besarse conmigo y con la chica que me estaba montando, ofreciéndome sus grandes tetas y duras como piedras. Le estábamos chupando las tetas y amasándoselas mientras el coño de la chica se deslizaba en mi polla, miré a Salvador, que estaba culeándose a la chica del piercing, que tenía los ojos en blanco. Sentí mis pelotas empapadas por los jugos de la chica y sus movimientos espasmódicos, se estaba corriendo. Me dejé ir y le llené el coño de leche caliente. Seguimos morreándonos mientras mi polla se ablandaba dentro de su coño. Había sido muy divertido, breve e intenso. Ahora llegaba el turno de las presentaciones; que cosas, primero follas y luego te presentas, está bien esto…

– Bueno yo soy Mónica -dijo la del piercing- Y estas son mis amigas, Berta (la de las tetas inmensas) y Noemí.

– Yo me llamo Miguel y este es Salvador.

– Ya lo sabemos…

– ¿Y eso?

-No nos perdemos ni una de vuestras fiestas pero, hasta hoy, no nos habíamos podido colar en la zona vip.

Teníamos muchas ganas de pillaros, ya estamos hartas de tíos babosos en la pista de baile, queremos hacérnoslo con los que parten el bacalao.

Sonreí, Berta estaba a mi lado agarrando mi cuello, acercó sus labios, me besó y nuestras lenguas se enroscaron.

– ¡Me estoy poniendo triste! -dijo Berta.

– ¿Por qué? -le pregunté.

– Porque mis amigas ya llevan leche en el coñito y el mío solo esta mojado por mi zumito.

La atraje hacia mí y la besé, acaricié sus pezones (jamás había amasado unas tetas de este tamaño, y tamaña dureza), mientras lo hacía, mi polla reaccionaba y Berta se estaba quitando el tanga, de un salto se incorporó sobre mí y se sentó sobre mi polla, clavándosela entera; se notaba que esta era la especialidad de las chicas. Noemi me había follado antes así, sus tetas se bamboleaban ante mi cara, eran maravillosas, blancas, y un pezón y sobresaliente pero pequeñito, que estaba degustando como un gourmet.

La música sonaba de fondo y Berta me follaba a su ritmo, un ritmo acelerado. Era ella la que mandaba, la que cabalgaba, la que me follaba… Acaricié y pellizqué sus nalgas mientras chupaba sus tetas, estaba en la gloria, sus nalgas eran duras y tersas, el baile le sentaba bien a esa chica, estaba acelerada y era de coño agradecido (multiorgásmica le llaman los más finos). Noté como estaba encadenando sus corridas y estaba encantado de la vida, aumentaba la velocidad de sus movimientos y sus gemidos y jadeos.

Levanté mi culo y me arqueé en el sofá, me corrí mientras ella se apretaba contra mí con todas sus fuerzas, fundiendo sus tetas con mi pecho, sentía como contría su coñito apresando mi polla. El gustazo que me daba correrme así, era tremendo, esa chica sabía latín. Salvador, que se estaba sobando con Noemi y Mónica, daba por acabado el día de trabajo, su jefe de producción se haría cargo de lo que quedaba de fiesta y proponía que nos largásemos.

– ¿A dónde vamos? -pregunté.

– A mi casa, mis padres están fuera todo el de fin de semana -dijo Noemí.

Salimos de la discoteca, insistieron en llevar su coche, Salvador aceptó a regañadientes. Era un escarabajo de última generación nuevecito, que olía a cuero. Mónica conducía y Salvador iba junto a ella, atrás Berta y Noemi conmigo. Llevábamos varias botellas de cava, nos metíamos mano en plan coña viciosa, salimos a las afueras de la ciudad, una urbanización donde un vigilante abrió la verja cuando vio llegar el coche, aparcamos en el interior de un chalet de altísimo nivel. Entramos y nos acomodamos en el salón, las chicas en un plis-plas se desnudaron y comenzaron a desnudarnos a Salvador y a mí.

Nos sentamos, me peleé con una botella de cava que se ponía dura para abrirse, mientras las chicas de pie se morreaban y acariciaban, poniendo cara de viciosas y obscenas para provocar. Ya con las copas llenas, nos metimos en una habitación donde la cama era redonda y tenía un espejo frontal muy bien colocado, las sábanas eran de raso negro. Noemi había traído velas que colocó por todas partes y las encendió, era la única iluminación: Mónica me dijo:

– Mi coñito todavía no ha probado tu leche.

Y se lanzó hacia mí como una pantera, me tumbó en la cama y se montó sobre mí. Me gustaba el papel activo de estas chicas cuando follaban, a mis cuarenta años se agradece un huevo. Sus tetitas eran pequeñas, en forma de pera y con el pezón puntiagudo, del volumen de una canica, su cintura estrecha y su culo duro y levantado.

Mis manos en sus nalgas acompañaban sus movimientos mientras las otras chicas le hacían a Salvador una mamada a dos bocas. Metí uno de mis dedos en el culo de Mónica, la cual se retorcía de gusto y apretaba su esfínter, notaba la presión en mi dedo mojado, que había entrado sin complicaciones ante la humedad de su entrepierna.

Ahora Salvador estaba follando a Noemi a cuatro patas, mientras Berta le ofrecía el coño a su boca, Mónica me descabalgó y guiando mi polla con su mano, la situó a la entrada de su culo, empujé y dio un brinco, tenía el capullo encajado y comenzó a bajar sobre mi polla, clavándosela poco a poco mientras se tocaba el clítoris y se metía los dedos en el coño.

La banda sonora de la habitación era un mar de gemidos y jadeos, ahora se la tenía hincada hasta las pelotas y ella estaba cabalgándome a tope, rápido y duro, clavándosela en el culo entera. Sentía como el esfínter de Mónica se contraía y se abría ante los movimientos de mi polla.

Salvador le estaba chupando el coño a Berta, que apretaba la cabeza de este entre sus piernas mientras Noemi se abría las nalgas para recibir su polla. Mónica bebía un sorbo de cava y me lo dio a beber de su boca mientras me besaba desesperadamente y se abrazaba a mí, apretando su culo a tope contra mis pelotas, se estaba corriendo. Di dos embestidas fuertes más y me corrí con ella. Salvador le había sacado la polla a Noemi y ahora enculaba a Berta mientras que Noemi le acariciaba las pelotas y tocaba las tetas y el coño de Berta alternativamente.

Con un apretón de nalgas, mi polla salió del culo de Mónica, se dio la vuelta y empezó a limpiar mi polla, pude ver su culo abierto y dilatado todavía, rebosando mi leche caliente. Se incorporó y dijo:

– ¡Chicas mi culo está lleno de leche rica!

Noemi acercó su cara y empezó a lamérselo mientras Mónica seguía chupándome la polla recién corrida. Sentía los gemidos de Salvador, el culo de Berta también estaba lleno de leche. Mónica dejó mi polla y empezó a lamérselo, Salvador y yo nos miramos, sonrientes y satisfechos, la fiesta iba a ser sonada. Salvador sacó su pastillero y me ofreció una viagra.

En pelotas nos fuimos a la cocina y nos preparamos algo de comer, mientras bromeábamos y las chicas nos contaban algo de su vida; todas estudiaban y trabajaban para una empresa de modelos que llevaba la madre de Noemi. Eran chicas bien en todos los sentidos, bien traviesas vaya, también nos contaron su fascinación por tener semen en sus orificios, de hecho, ninguna de ellas se lavó después de nuestras corridas, al principio me daba un poco de cosa pero qué coño, al carajo los prejuicios.

La viagra ya había hecho efecto y tenía la polla tiesa de nuevo. Volvimos a la habitación, nos tumbamos en la cama, yo a la izquierda, Noemi a mi lado y de lado ofreciéndome su culito, al que le fui clavando la polla lentamente mientras besaba y mordisqueaba su nuca.

Mónica, en medio recibiendo las caricias de Noemi y de Berta, que estaba al otro lado. Salvador en el otro extremo follando el coño de Berta desde atrás, ahora la cosa era tranquila, lujuriosa y morbosa. Follamos y nos acariciamos rítmicamente, a tope, con un punto de vicio y excitación tremendo. Ellas con dos golfos maduritos follando en la casa de los papis, y nosotros con tres bomboncitos pasados de rosca, que nos estaban quitando un puñado de años de encima.

Era la primera vez que tomaba viagra y prometo que no será la última, mi polla estaba a punto y sabía que podía estar así durante bastante tiempo. Esta vez el numerito fue superior, follamos el culo y el coño de las tres sucesivamente, ellas incansables y activas entregándose a tope y utilizándonos como objetos de placer (la utilización era mutua y consentida, como debe de ser). Los rayos de sol se colaban entre las cortinas, después de la viagra, estuvimos follando más de dos horas y ni Salvador ni yo nos habíamos corrido. Era mediodía cuando desperté con un escozor en la polla, Berta me la estaba chupando.

Los demás todavía dormían, era la típica erección matinal (y creo que todavía duraba el efecto de la viagra). Me dejó tumbado y se subió sobre mí a follarme con el personal y activo estilo de las tres amigas. Puso una almohada en mi espalda de forma que yo estaba semi incorporado y chupando sus tetas; me gustaban las tetas de Berta, quizás sean de las más ricas que he probado, su peso, su tersura, su dureza, eran perfectas, ella se había estado pajeando mientras me la chupaba, porque el caso es que apenas se la clavé hasta los huevos, comenzó a jadear y a correrse como una perra. En un momento dado, se la sacó y se la metió por el culo de una forma que casi me hace daño, a pesar de estar dilatado, se dejó caer con todo su peso sobre mi polla y se la hincó de un solo golpe. Estaba fuera de si (y yo también), mis manos en sus tetas apretándolas y sus manos sobre mis manos exigiendo que la pellizcara y sobara sin contemplaciones. Cada vez que levantaba sus nalgas y las dejaba caer sobre mi polla, sentía como su culito se abría más y más, llevándome al paraíso.

Ya no había ningún tipo de obstáculo para clavarla bien clavada, sus jadeos habían despertado a Salvador y a las chicas, y el festival continuaba por donde lo habíamos dejado cuando nos quedamos dormidos. Fue un largo e intenso fin de semana, repleto de sexo. Me tiré una semana en la cama recuperándome. Han pasado dos meses y no he vuelto a salir, por lo que no se nada de ellas, quizás sea lo mejor para mi salud…

Un abrazo.

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