Relato erótico

Visita inesperada

Charo
6 de julio del 2018

Estaba solo en casa y se presento una mujer para visitar a su madre. Era cincuentona, jamona y lo puso caliente a tope. Se insinuó descaradamente, y consiguió lo que quería.

Pedro – BILBAO
Amiga Charo, lo que voy a contar ocurrió sin querer y cuando yo tenía 19 años. Estaba haciendo un trabajo para presentar en la universidad cuando sonó el timbre de mi casa y salí a ver quien era, pues me encontraba solo, y me encontré con una mujer madura de unos 56 años y con un cuerpo espectacular, que me dijo:
– Hola, soy hija de la señora Mercedes – una vecina que vivía al lado de mi casa – y vine a verla pero ella no está. ¿No sabes tú si volverá pronto o no?
Yo, antes de responderle, lo pensé un poco, la miré y me calenté con solo verle lo pechos, los cuales eran muy grandes y un poco afectados por la fuerza de la gravedad aunque no mucho. Llevaba una blusa de hilo que marcaba su figura y una falda negra que también marcaba sus curvas. Al fin le respondí:
– Me parece que dijo a mi madre que tenía que hacer unos recados pero si alguien la buscaba que esperase un rato que ella regresaría pronto, lo cual era mentira.
– Ah, ¿y cuanto rato tardará?
– Realmente no lo sé, pero si quiere la puede esperar aquí.
– Pero, ¿no te molesto?
– No, yo estoy haciendo un trabajo escrito, más bien me acompaña y hasta puede que me ayude – dije.
– Si es así entonces bueno.
Entonces y como todo un caballero, la invité a pasar, pero no me aparté mucho para poder rozarla. Ella entró dejándome un culo tremendo apuntando hacia mí y yo ni corto ni perezoso me pegué más a ella y aproveché para sentir por primera vez su culo, el cual era duro y bastante grande, cosa que me calentó sobremanera.
– Disculpé – le dije disimulando.
– No te preocupes – contestó con una sonrisa.
Después de esto la dejé avanzar un largo trecho y me quedé como idiotizado por ese culo casi perfecto, grande y duro y que, junto con sus tetas, era lo mejor de esta señora. Luego de este espectáculo, cerré la puerta y la conduje a mi habitación donde yo estaba realizando el trabajo, ella se sentó en una silla estilo oficina que estaba cerca del ordenador y yo, ni corto ni perezoso, le ofrecí algo para beber.
– ¿Quiere algo para beber?
– ¿Como qué? – preguntó.
Yo pensé ¿y que tal si me coges la verga y me la amasas con tus tetas y luego te la meto en ese culo genial que tienes? Pero respondí:

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– Un jugo, por ejemplo…
– ¿Y por qué no algo más fuerte?
– ¿Whisquy entonces ?
– Bueno, sí.
– Entonces me espera aquí que yo voy y vuelvo.
Pero antes de salir yo me acerqué al ordenador, como sin querer rocé mi mano con una de sus gordas tetas, aunque sutilmente, abrí un archivo de relatos que tengo en mi PC y cerré el archivo del trabajo. Ella, un poco extrañada, me preguntó:
– ¿Qué haces?
– Es que en esto usted me va a ayudar.
– ¿Y como?
– Es que el trabajo trata sobre los relatos de todo tipo que se pueden encontrar en Internet y quiero que usted elija y marque alguno de los fragmentos de estos relatos que le voy a dejar abiertos, eso sí solo los que le gusten y a todo esto ¿como se llama usted?
– Para comenzar cortemos lo de usted, me llamo Clara y tutéame por favor, que el que parezca yo tu madre no me trates como si lo fuera.
– Entonces Clara lee estos relatos – que por cierto eran de un tono bastante subido- y luego me dices cual te gustó y que parte te gustó más ¿vale?
– Vale.
Entonces me fui yo a la cocina, me preparé un jugo para mí y para ella un vaso de whisky más que grande, y me dirigí a la habitación.
– Oye… ¡estos relatos son bastante calientes! – exclamó al verme.
– Si hay de esos y de otro tipo también ¿por qué te incomoda?
– No, pero me pareció raro.
– Es que yo participo en un taller literario y estamos preparando una muestra de la literatura disponible en Internet.
– Ah.
– Pero si quieres puedes elegir de otro grupo.
– No, así está bien, además son entretenidos, hay cada historia…
– Bueno yo voy a trabajar en otro grupo de relatos en la habitación de mi hermano y si tienes algún problema no dudes en llamarme, pero antes…
Preparé la webcam de manera que se viera el vaso de whisky y yo pudiera verla desde la otra pieza para saber cuando atacar.

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– Listo me voy, pero antes voy a sacar el disquete de los relatos – así lo hice y me fui.
Durante treinta minutos me dedique a cualquier cosa menos a dejar de observar el nivel del vaso desde al PC de mi hermano y cuando el vaso estuvo ya vació por causa del calor y además de los relatos, me acerqué a la pieza y le dije
– Ya he terminado ¿y usted, perdón, tú?
– No, aun no.
Cuando ella me respondió noté en su cara un cambio de color del que me saludó en el umbral de mi puerta a un rojizo de calentura que me gustó mucho, entonces me senté detrás de ella en otra silla, le comencé a dar masaje en la parte del cuello y le dije:
– Una forma de darte las gracias es aminorarte el cansancio.
Ella me miró, me dio las gracias y me cogió las manos. Después de estar así un rato, mis manos comenzaron a bajar por sus brazos hasta que una de ellas se posó en uno de sus pechos y en un pezón que se encontraba rígido. Ella cogió mi otra mano, la dirigió a su otro pezón, que se encontraba como el otro, y en ese momento comencé a masajear ambos, que cada vez se ponían más duros y en ese instante una de mis manos bajó a su entrepierna.
Ella no resistió más, giró la silla, quedó frente a mí y me dijo:
– Te voy a dar una clase de sexo, chiquillo malcriado, que esto no se le hace a una mujer casada ni menos cuando no hace el amor hace tanto tiempo, vas a pagar tu osadía de querer saciar mis ansias de verga.
Entonces se levantó y me sacó las manos de su cuerpo para luego ponérmelas en su falda y comenzar a bajar dicha prenda pero yo me arrodillé a sus pies y comencé con el ritual de que a cada centímetro que bajaba le daba un beso hasta que llegué a su coño, que se encontraba resguardado por un pedazo triangular de tela negra y se lo lamí por encima de la tela hasta que ella me cogió por los cabellos y de una manera brutal, me tiró hacia arriba y entonces, cogiéndome de la mano, me llevo a mi cama en la cual ella se tendió y me dijo:
– Soy tuya.
A lo que yo respondí intentando en vano de quitar esa maldita y diminuta prenda que se interponía entre su tesoro y yo, pero ella no me dejó quitársela y me dijo:
– ¿Entonces tú no te desnudas?
Lo hice de forma muy rápida y quedé frente a ella desnudo, con un cuerpo flaco, con una verga normal pero inflamada que no daba más. Ella rió y dijo:

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– Hazme lo que quieras.
Yo respondí dándole la vuelta y besando su espalda para luego apoderarme de sus nalgas, entre las cuales puse mi aparato, haciéndoselo sentir entre esos dos montes de carne y entonces ella comenzó a moverse como si estuviéramos follando haciéndome una paja de padre y señor mío. Me hizo gemir varias veces, pero antes de correrme la di la vuelta y me comencé a pajear con sus tetas y allí casi me corro, pero no quería manchar su cara ni sus pechos, aguanté y la giré eyaculando en su espalda dejándosela completamente llena de semen.
– Ahora me toca a mí – me dijo ella.
Comencé a besarla de manera de calentarla para follarla luego pues me tenia loco y mis manos se encargaban, una de sus pechos y la otra de toquetearle el coño sobre su tanga el cual no cubría casi nada y así llegó el momento en que ella, sin darse cuenta, estaba sin el tanga y yo, instalado en su entre piernas, jugando con su clítoris. Pero ella, de repente, reaccionó cogiendo mi cabeza por los cabellos y me la apretó más contra ella y mi lengua comenzó a jugar con su interior, haciéndola estremecer hasta que se corrió. Yo me retiré un poco para ver como fluían sus jugos y como ella se tocaba el clítoris, pero como mi polla se encontraba durísima, aproveché para subirme encima y reemplazar sus manos por mi verga. Ella aceptó y comencé a rozar mi verga en sus labios haciendo que ella, en un instante, abriera los ojos, me mirara con cara de deseo y cruzando sus piernas en mi espalda, esperó que mi órgano duro entrara en su raja y me forzó a penetrarla, de tal forma que de una sola vez mis testículos tocaron sus labios.
Ella gimió y yo comencé con los empujones, primero lentamente para ir subiendo el ritmo y de repente introducir dos dedos en el agujero de su culo, el cual estaba apretadísimo produciéndole tal placer que comenzó a tener orgasmos consecutivos.
Cuando nos relajamos, ella sonrió y dijo que tenía que marcharse, que además estaba casada y que lo que había hecho estaba mal.
Pero yo no le sacaba la mano de su culo, ella ya se estaba comenzando a excitar y así lo sentía porque notaba humedad en mis dedos, señal inequívoca de que mi mano estaba haciendo efecto. Entonces abrí la puerta, pero cuando ella se aprestaba a salir, la cogí de la cintura, la hice entrar de nuevo y la besé en la boca, jugando con nuestras lenguas. Ella ya respiraba más rápido y yo ya me estaba calentando y entonces, de repente, la empujé contra la pared y le dije:
– Aquí hay algo que me pertenece.
Entonces la puse de cara a la puerta y apretada a ella, le abrí las piernas y la comencé a sobar hasta que llegué a sus nalgas, mis manos subieron su falda hasta su cintura y luego comenzaron a bajar el tanga. Ella solo me ofrecía su culo y yo comencé a besarle cada glúteo hasta llegar a su agujero y allí metí mi lengua, empezando ella a gemir y a decir:

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– ¡No, no por favor, que hace tiempo que no lo hago por aquí!
Yo, sin hacerle caso, comencé por meterle un dedo en el coño para que se calentara más y la otra mano me la ensalivé y un dedo iba introduciendo en su culo hasta que, de repente, le puse la punta de mi aparato en su culo y se la introducía lentamente. Ella quiso apartarse pero no podía y en ese instante golpearon en la puerta. Ella me miró y balbuceó:
– ¡Mi… mi marido! – pues lo vio por la mirilla de la puerta
– Entonces te vas a tener que aguantar el dolor – le dije.
– ¡No, por favor, que nos descubren!
Pero yo, centímetro a centímetro, se la fui metiendo hasta que llegué al final y ella soltó un gemido que más que un gemido pareció un bramido, y comenzó a mover su culo más rápido. Yo me sentía en el cielo, sus piernas escurrían sus jugos, pues ella había tenido orgasmos silenciosos por la presencia de su marido y eso la calentó en demasía. Cuando yo estaba apunto de correrme, notándolo ella, intensificó el ritmo hasta que le llené el culo de semen y ella comenzó a estremecerse. Entonces me salí de ella y la di la vuelta para besarla y decirle:
– Eres una señora que me sorprende, eres genial follando. – Y tú eres un canalla – me dijo ella, besándome – Me has roto el culo, cabroncete.
Luego ella se fue al baño para limpiarse y tras hacerlo de limpiarse ella salió del baño y le dije:
– ¿Es verdad que nunca se repetirá?
– Jamás, aunque me gustó, pero soy casada y no sé por qué lo hice.
La besé, la dejé en la puerta y desde ese día nunca más la he vuelto a ver, solo me quedó el recuerdo de esa tarde y su tanga, el cual utilizo para recordarla.
Saludos.

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