Relato erótico
Viaje “completo”
Es vendedor y tiene muchos clientes por toda España. Sus clientes son, casi, sus amigos. Aquellos días estaba por Badajoz y fue a visitar a una de sus clientes favorita. Era una mujer guapa, con un cuerpo de vértigo y se enteró que acababa de divorciarse. Eran las fiestas del pueblo y la invitó a bailar.
Javier – Badajoz
Hace muchos años que me dedico a las ventas, y por tal motivo he viajado y viajo mucho por todo el país. Esto que les contaré es un hecho reciente que me sucede en la actualidad y que paso a relatar.
Conocí muchos clientes de ambos sexos en todos estos años. Estaba recorriendo las ciudades del Interior cuando al llegar a una de ellas me entero que a Carmen, una de mis clientas, el marido la había dejado hacía como tres meses. Es una mujer bien parecida, de un cuerpo firme y de curvas llenas, rubia, de 1,70 más o menos, dueña de un culo y de dos tetas enormes que son la locura de cuanto macho la conoce. Más de una vez, en rueda de bar con otros vendedores de la zona, habíamos comentado lo buena que estaba.
Cuando llegué a su tienda a ofrecer mi mercancía como siempre, traté que la conversación se fuera dilatando y llevarla al terreno que yo quería. Fue así que su hija Verónica, que la ayudaba en su labor, me comentó que esa noche había baile en un pueblo vecino y ni lento ni perezoso le respondí que a esta edad, su madre tenía 49 años, se iba a un baile acompañado o no se iba y menos a un lugar que no conocía. Entonces con todo desenfado me dijo:
Invita a mi madre y ya tienes pareja.
– ¡No, para un poco, quieres que tu padre me mate, estás loca!
– Mi padre ya no tiene nada que ver ¿o no sabes que se separaron hace cuatro meses?
– Estás loca – insistí – ¿No me estarás engañando no?
– Pregúntale a ella.
Entonces miré a Carmen y ella me dijo:
– Es cierto, estoy separada y no hay marcha atrás.
– Entonces formalizo la invitación, no hay dudas – dije.
– Bueno pero no sé si aceptaré, ven esta tarde y te contesto. Con el tiempo me enteré que la hija le dijo ese día que se dejara de tonterías, que saliera a bailar y que si se calentaba conmigo a nadie le importaría que se
dejara follar. Entonces le dijo a su hija:
– Pues que ese hombre me gusta desde hace años y por res- petar a tu padre nunca lo miré, pero con la libertad que tengo ahora no sé cuantas veces van que lo veo y me pongo cachonda.
– Entonces nada que hablar, sales con él esta noche y si se tira encima fóllatelo con mi permiso, que falta te hace y lo tienes merecido.
Cuando llegué por la tarde ella me dio el sí y por la noche pasé a buscarla. Llevaba una falda de tubo negra que parecía que se la había puesto con talco de tan ajustada que era, pero que le marcaba el precioso culazo, y aquellas piernas que me enloquecían y también se le marcaba el tanga que llevaba puesto, lo que unido al escote de su blusa, que mostraba buena parte sus grandes pechos y marcaba sus excelentes pezones, hacía un conjunto merecedor de una paja por lo menos.
¡Estaba de infarto! Nos fuimos y comenzó el baile, primero normal, después de unos vinos más calentitos, y cuando llegaron los “lentos” ya la estaba apretando bien y ella respondía pegándose de abajo lo que me tenía con la polla dura como tantas otras veces y la apretaba sin preocuparme de nada. A la media hora le dije al oído:
– Vamos no, pues no aguanto más, quiero besarte y acariciarte.
Sin decir más, nos dirigimos a la salida, ella colorada de cara y ojerosa, pues se había corrido dos veces, según me dijo después, y yo con la polla durísima. Ya dentro del coche la abracé y la besé con furia, con pasión ardiendo de deseo por aquella mujer que hace años miraba sin poder tocar. Cuando pude acariciar sus tetas, encontré que estaban duras como los de una chica de 20. Metí mi lengua en su boca y ella se empezó a aflojar, fui desprendiendo su blusa hasta apoderarme de uno de sus pechos, y después de pellizcar los pezones con el índice y pulgar, ella comenzó a gozar y a emitir gemidos. Entonces me dedique a mamárselos y eso la perdió por completo diciendo:
– ¡Perfecto… oooh… que gusto…, sigue, sigue por favor…!
Mi legua recorría todo su pecho, iba venía, se detenía en los pezones y los lamía suave, lento, fuerte, rápido, hasta que me dijo:
– ¡Por favor que me matas, me voy a correr, Javier, qué me haces… me corrooo…!
Entonces metí una mano por debajo de su falda y llegué a su coño, que era un mar de jugos, logrando que me abrazara y separara sus piernas diciéndome que necesitaba de una paja urgente, y así lo hice. Sus gemidos se debían oír en todo el barrio, pero no importaba. Me saqué la polla, que ella cogió con ganas y me empezó a pajear al mismo ritmo que yo a ella.
– ¡Mi vida, cuánto tiempo deseando esto, cuanto tiempo, años que quería follar contigo y por estar casada con el borracho de mi marido no lo había hecho, que gusto, así te soñé, así… aaaah… que me viene… aaah…!
Se volvió a correr y yo, sin dudarlo, le bajé el tanga, recosté el asiento, separé sus piernas y caí encima de su coño con mi lengua buscando su raja y sus jugos.
– ¡No, no hagas eso! – chilló
– Tú cállate y disfruta o ¿acaso tu marido nunca te lo hizo?
– ¡Jamás! – contestó.
– Pues no sabe lo que se perdió y lo que te hizo perder.
– Javier no seas degenerado… para, para, paraaa… oooh… que rico, que gusto…!
– ¿Te gusta? – pregunté.
– Nunca pensé que diera tanto placer – confesó.
– ¿Quieres más?
– ¡Siiií… por favor sigue y des- de hoy quiero esto siempre, siempre, que gusto, como siento tu lengua… más, más… aaaah…, me voy a correr de nuevo, mira, mira, miraaa..!.
Acto seguido se sentó en mi falda frente a mí, se encajó mis 23cm hasta las bolas, gozando de una buena polla y de un polvo dentro de su coño que la hizo re- torcerse y gritar. Luego nos fuimos para su casa, me quedé con ella esa noche y comprobé que hacía meses que no follaba, no sabía mamar ya que mi verga fue la primera en su vida. Nos veíamos cada vez que viajaba, ya os iré contando más cosas.
Saludos y hasta pronto.