Relato erótico

Vecina con “gancho”

Charo
6 de noviembre del 2019

Desde el día que vio a su vecina tomando el sol en el jardín, no se la pudo quitar de la cabeza. Una casualidad izo que se la encontrara en la cafetería y desencadenó una serie de acontecimientos, muy placenteros que quiere contarnos.

José L. – BENIDORM
Vivo en Benidorm y como es fácil imaginar el sol y la playa activan la lujuria a límites insospechables. Ella es una chavala de 1,67 morena, unos 25 años, dotada por la naturaleza de unas más que grandes tetas y hermosos ojos, infelizmente casada con un hombre que le da muy poca importancia y atención sexual. Yo soy también moreno, de ojos marrones, algo regordete y de 1,76. Tengo poco 28 años y una novia muy aburrida que se pasa el tiempo viajando por su trabajo.
Todo sucedió casi por casualidad y digo casi porque no creo en las casualidades. Ella se sentaba, como todas las tardes, a tomar el sol en el patio de su casa y yo llegaba de trabajar cansado por un mal día de trabajo. Como hay una pequeña valla que divide su casa de la mía, creo que más por decoración que por algún tipo de seguridad, la pude ver perfectamente y la saludé como buen vecino.
Pero esa noche, sentado ante el ordenador, no podía sacarme de la cabeza su cuerpo semidesnudo y su mano frotándose el bronceador por las piernas. Para cuando quise darme cuenta tenía una hermosa erección, pero por mi condición de permanentemente calentura no me asombró. A las 10 llegó mi novia e intenté desquitarme con ella la calentura, pero con una penetración vaginal no podía saciar toda la carga sexual que mis pensamientos me habían dejado.
Intenté convencerla que me dejara penetrar su ano, pero todos mis intentos fueron inútiles, por lo que me tuve que conformar con un regalito extra de que se tragara mi leche, pero que consistía en llegar cerca del final en su boca y que me masturbara los últimos segundos para eyacular, que para lo que estábamos acostumbrados, ya era mucho. Eso era a cambio de que no la iba a ver en dos semanas por uno de sus famosos viajes de trabajo.

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A la mañana siguiente dejé a mi novia temprano en el aeropuerto y fui a desayunar en un pequeño café en el centro mientras esperaba mi hora de trabajo y cual fue mi sorpresa al encontrarme allí a mi vecina cargada de bolsas de ropa y zapatos. La invité a sentarse a mi mesa y me contó que estaba preparándose porque esa tarde salían a una convención con su marido en no sé en que lugar de Andalucía. Por mucho que lo intenté, no pude evitar mirar sus grandes pechos, que se balanceaban al compás de su cuerpo mientras me hablaba, sin enterarme demasiado de lo que me decía, pero creo que se dio cuenta ya que, de pronto, me dijo que tenía que irse. Y yo también tenía que trabajar. Pero lo mejor que me ha pasado en la vida es lo que a partir de este momento voy a contar.
Llegué a casa a mi rutina de PC y esta noche, ya sin la posibilidad de que apareciera mi novia, no pude evitar mirar hacia la casa de mi vecina y al verla en el patio, me acerqué y la invité a tomar un refresco y conversar. Una hora más tarde nos encontrábamos recostados en el sillón frente al televisor, llevaba una blusa blanca que marcaba mucho, no solo sus tetas, sino también sus largos pezones, y una falda corta por la que asomaban sus bien formados muslos. Sus ojos perdidos en el televisor no podían descubrir el deseo con el que se clavaban los míos en su cuerpo.
Lleno de deseo y sin pensarlo ni un segundo, la rodeé con mi brazo y, sin esperarlo, ella respondió recostado su cabeza sobre mí. Mi polla quería salirse del pantalón y yo trataba de ir despacio para no arruinar la situación. Quería avanzar sutilmente para ver como estaba el terreno.
Lentamente coloqué mi mano en uno de sus pechos y empecé a besarle el cuello y ella, con la mirada fija en la pantalla, solo se limitaba a gemir, y a medida que sus gemidos se incrementaban yo incrementaba mi manoseo sobre sus pechos, aunque pronto metí mi mano por debajo de su blusa y sus pezones estaban tan erectos como mi rabo. Entonces me susurró al oído:

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– No te detengas.
Esa fue la palabra mágica para que me pusiera en marcha. Le quité la blusa y liberé sus tetas del sujetador, tetas que eran mucho más grandes y duras de lo que las había imaginado y con unos pezones como los que nunca había imaginado. Primero se los lamí suavemente y luego comencé a darles pequeños mordiscos.
Ella comenzó a frotar mi polla por encima de mi pantalón y para cuando pude darme cuenta la tenía en su mano. Entonces me propuse llevarla a mi cuarto para poder estar más cómodos, pero ella tenía otros planes. Al levantarme del sillón, mi polla quedó a la altura de su cara y ella, sin dudarlo, se la llevó a la boca y comenzó a chuparla con mucha intensidad, tanta que me hacía daño incluso. Mi rabo, aunque es de un largo normal, es muy grueso y entraba muy apretado en su boca, pero ella lo tragaba hasta su garganta mientras que con la otra mano me acariciaba los testículos. Yo me limitaba a acariciar su cabeza.
Cuando se dio cuenta que ya no podía retener mi eyaculación, me miró dando a entender que lo hiciera en su boca. Asó lo hice y ella se lo tragó todo, no dejando salir ni una gota de semen de su boca y luego siguió mamando con mucha energía hasta que no dejó ni una gota.
– ¿Donde está el baño? – me preguntó cuando terminó de dejarme satisfecho.
Lo único que pude hacer fue levantar la mano y señalar en dirección de la puerta. Ella entró y cerró la puerta tras ella. Y abrió la ducha. Yo no sabía que hacer, estaba medio desnudo en la sala de mi casa, había descargado la leche de mis cojones en la boca de mi vecina, que entraba a mi casa por primera vez, y ahora estaba duchándose en mi baño. Pensé que tenía que tomar las riendas de este asunto.
Cuando salió del baño yo la estaba esperando para tratar de poner en claro las cosas. Ella sin embargo las tenía mucho más clara que yo. Envuelta en mi bata de baño me dijo:
– No creas que soy una chica fácil, solo es que me pareció que los dos necesitábamos un poco de diversión, pero esto no te compromete a nada.
Yo asentí con la cabeza y me acerqué para cogerla, pero ella empezó a corretear por la casa y terminó metida en mi cuarto. Allí me miró con cara de asco y me dijo:
– ¿Dos camas? ¿Aquí lo haces con tu novia? Eres un miserable, ven para mi casa.
Me empujó y pasó por el patio saltando la pequeña valla, de menos de un metro, y se

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metió en su casa. Yo no sabía qué hacer, hasta que sonó el teléfono y su voz del otro lado me decía si esperaba una invitación impresa.
Al llegar a su casa, me condujo directamente a la habitación se tiró y sentó al borde de la cama de matrimonio y se me quedó mirando. Tomé la iniciativa y comencé a besarla, su boca, su cuello, sus pechos, luego la recosté sobre la cama y recorrí su vientre, sus muslos y llegué a sus orificios, la besé con desesperación, tomando el control de la situación, entonces la tiré sobre la cama y me puse sobre ella. Mi polla entraba en su coño con mucha potencia y ella gritaba como poseída.
Gritaba y se retorcía y empezó a moverse ella también. Cada vez que yo embestía, ella despegaba su cuerpo de la cama para que la penetración fuera más profunda y solo se podían oír nuestros gemidos y gritos.
En ese momento sentí la necesidad de penetrarla por el culo y le susurré al oído:
– Prepárate que te voy a romper el cuelo.
Ella se asustó, pero asintió con su mirada y me señaló una crema sobre la mesita de noche. La puse en el borde de la cama con las piernas sobre mis hombros, le unté crema el ojete y mi miembro, y lo coloqué en el orificio de su culo.
Ella me miró con miedo y yo me apoyé con toda mi fuerza. Soltó un pequeño grito mientras que una lágrima corría de su mejilla. Le pregunté si estaba bien y me dijo que siguiera despacio. Le di un minuto para tranquilizarse y empecé mi trabajo. Primero eran pequeñas embestidas, pero que fueron aumentando de ritmo hasta convertirse en embestidas bestiales.
Cuando ya estaba listo para correrme ella me detuvo, se puso a cuatro patas y me pidió que la penetrara por el coño, yo ya no podía retenerlo más, y me dijo:
– ¡Lléname de tu leche!
Solo con oír estas palabras fue como si se abriera una espita en mi polla de la que empezó a brotar semen como nunca y eso que ya me había corrido una vez. Ella llegó a su orgasmo conmigo y me quedé con mi miembro dentro de ella por un minuto.
Se incorporó y yo me dejé caer a su lado, metió mi miembro flácido en su boca y quitó todo resto de nuestra pequeña fiesta. Liego se metió nuevamente en la ducha y yo quedé tirado en su cama hasta que a los 15 minutos apareció totalmente desnuda y nos besamos hasta dormirnos. A la mañana me despertó con una pequeña mamada, luego me dijo:
– Vete rápido a desayunar y vuelve, que tenemos solo hasta el medio día.
Hicimos el amor durante toda la mañana y en la actualidad lo repetimos cada vez que mi novia se va de viaje y su novio tiene trabajo.
Saludos de los dos.

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