Relato erótico

Valio la pena

Charo
1 de enero del 2019

Es un hombre maduro, y dice que se conserva bien. Aquella noche de Agosto estaba “acalorado” en todos los sentidos y decidió ir a un club que tenía fama de “liberal”. Le dieron una sorpresita, pero quedó gratamente satisfecho.

Juan – Santander
Primero me presentaré. Soy hombre ya de edad intermedia, (tengo bien pasada la cuarentena), pero me conservo bastante bien. Mi físico es normal, estatura media, complexión física muy normal, y eso sí, con una buena polla que enseguida se pone tiesa, pues soy muy ardiente. Esta polla está siempre encantada de “visitar” un lindo coñito. Digamos que soy de Santander y que me llamo Juan. Me considero buen follador y muy voyeur, pues amo el cuerpo desnudo de mujer.
Pues bien, una noche cálida de agosto, un poco aburridillo y un mucho “calentillo”, e desplacé unos cincuenta kilómetros hasta una población costera de mucho ambiente en verano. Tras dar unas vueltas por la localidad, decidí entrar en una discoteca importante, con cierta fama de “liberal”. Me situé en la barra viendo el panorama. Varias parejas bailando, muy pegados sus cuerpos, y mucha gente en los diversos sofás, aprovechando la penumbra para hacerse “arrumacos”.
Mientras tomaba una copa, me fijé en una linda muchacha que estaba a mi lado. Con un discreto tropezón provocado, nos conocimos cuando me disculpé. Se había roto el hielo y comenzamos a charlar. Me dijo ser forastera, y que estaba pasando unos días en esa población, donde vivía en un hotel. Dijo que estaba con una amiga, pero que ésta no estaba en la discoteca y que se verían más tarde en la zona marítima. La chica era muy bella: rubia, con melenita, ojos claros, y una camiseta de verano muy ceñida. En estas cosas me fijo enseguida. Se marcaban sus pezones, que yo enseguida adiviné duros. Tenía una minifalda, que dejaba traslucir un diminuto tanga. En fin, toda una promesa. La invité a una copa, y tras hablar de temas generales, y con el calor y el alcohol, poco a poco la conversación fue subiendo de tono. En un momento dado me dijo:
– ¿Bailamos?
– Sí, sí, sí, dije encantado.
Salimos a la pista y comenzamos a bailar. Primero por prudencia un poco separados, pero poco a poco nos fuimos pegando, hasta que nos fundimos en un solo cuerpo, y ya confirmé lo que sospechaba. No llevaba sujetador. A riesgo de llevarme un bofetón, la toqué los pechos sobre su camiseta, pero ante mi alegría, no solo no me dio el bofetón, sino que me cogió una mano y la metió por debajo de la camiseta, dejándome que la tocara uno de esos pezones, que tal y como yo pensaba estaban durísimos.
-Tócame, tócame, me decía.
– Ahora, tranquila, que no me quedaré con las ganas – respondí yo.

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E inmediatamente puse mi mano bajo su minifalda, y empecé a tocar por los alrededores de su coño, jugueteando con los pelos púbicos que sobresalían de su minúsculo tanguita. Me sentía en el paraíso, y no os necesito decir el estado de mi polla. Ya era una barra de hierro. Ella la había tocado sobre mi pantalón.
-¿Descansamos en ese sillón? – me dijo.
– Vale, vale – dije yo – hay que relajarse.
Y vaya si nos relajamos. Con la oscuridad como aliada, le toqué las tetas bajo su camiseta, su coñito, pues metí mi mano dentro del tanga y acaricié ese pelito rizado de terciopelo. Ella me sacó el pene y le dio unos besos que me pusieron a cien. Luego bailamos otro rato y me propuso salir al puerto a buscar a su amiga. Así lo hicimos y no tardamos en ver a su amiga. Era mulata, (luego me enteré que su origen era caribeño) y aunque yo he estado con bastantes mulatas, esta era la más hermosa que jamás vi. Tenía ojos azabaches, exuberantes pechos, un culito respingón que prometía y una simpatía a raudales. Pronto adiviné que era tan caliente como su amiga y yo mismo. Su conversación era muy picante y los toqueteos que daba a mi rabo daban a entender que quería guerra. Yo esperaba lo que inevitablemente tenía que suceder, hasta que de pronto, la rubita, llamada Cristi, nos propuso ir los tres al hotel a tomar una copa.
-¿No seréis peligrosas para un pobre hombre indefenso? -bromeé.
-Compruébalo tú mismo -me decían las dos con guiños cómplices.
– Está bien – dije yo haciéndome de rogar.
Dicho y hecho. Estuvimos pronto en la habitación de las chicas, ante unas copas de licor.
-Qué calor – dijo Cristi.
-Mucho – dijo la mulatita llamada Carlota -Yo me voy a quitar la camiseta.
Se despojó de su camiseta y Cristi la imitó. Cuatro maravillosas tetas aparecieron ante mi. Eran perfectas, con los pezones muy erectos. La mulatita me invitó gentilmente a chupárselos, lo que acepté encantado. Eran muy ricos. Entretanto Cristi se quitó la mini y las bragas quedando completamente desnuda. Yo estaba un poco desconcertado por lo rápido que iban los acontecimientos.
-Vamos, desnúdate, cobarde – decía Carlota – que quiero ver ese rabo.
Mientras lo decía se iba despelotando y ya estaban las dos en bolas. Vaya cuerpos.
– Vale, ahora veréis lo que es bueno y empecé a desnudarme.
Ya estábamos los tres en bolas. Carlota se abalanzó sobre mi polla y la chupeteó bien. Luego Cristi repitió la maniobra.

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– Qué forma de lamer. Madre mía – decía extasiado.
– Ahora te toca a ti – dijo Cristi.
– Sí, sí.
Les lamí los hermosos coños de forma alternativa y las penetré por los dos agujeros a cada una. Sus culos estaban abiertos, por lo que fue muy fácil. Hicimos de todo y gozamos los tres hasta la extenuación. Llegó la hora de despedirnos y… ¡Oh sorpresa! Las muy putitas me pidieron dinero.
-Esto no entraba en los planes – les dije – Sin embargo, hace mucho que no gozaba tanto, por lo que os lo daré gustoso.
Tras sacarme la polla y chupármela de nuevo alternativamente, me corrí otra vez, nos despedimos. Fue la aventura con la que más he gozado. Espero que os haya gustado. Con la esperanza de haberos calentado.
Un saludo para todo.

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