Relato erótico

Un viaje diferente

Charo
27 de septiembre del 2018

Había programado un viaje por el norte con su mujer. Por temas de trabajo, ella no podía ir. Se lo dijo al hijo de su cuñada y se fueron los dos. Le sabia mal perder todo lo que había pagado.

Juan – Palencia
Me llamo Juan y tengo 57 años, aunque, muy bien conservado por lo que parezco tener menos. Escribo para narraros lo que no sé si por fortuna o por desgracia me sucedió en un viaje que iba a realizar con mi mujer pero que, por diversas causas, ella no pudo venir. Total, y como ya lo tenía todo pagado, decidimos que me acompañase uno de mis sobrinos. Este tiene 27 años, se llama Jaime y no está casado, ni tiene novia. En resumen, nos fuimos a Oviedo y al llegar al hotel ya empezó mi sorpresa pues yo había reservado una habitación con cama de matrimonio y no podíamos cambiarla por una que tuviera dos camas simples. Después de acomodarnos en la habitación, decidimos dar una vuelta para ver parte de la ciudad y cenar. Cuando acabamos de cenar, yo estaba cansado y nos fuimos al hotel para intentar dormir. No fue fácil ya que dos machos en la misma cama y para colmo, yo en pelota picada ya que es así como acostumbro a dormir, apenas pegamos ojo hasta que ya casi de madrugada nos quedamos dormidos. Yo, siempre que duermo, tengo que estar agarrado a algo caliente y sin darme cuenta ya que estaba dormido, no tuve a otro lugar donde agarrarme que al rabo de mi sobrino.
Al despertarse por la mañana mi sobrino, antes que yo, vio que yo tenía la mano dentro de su pijama y que también tenía la tienda de campaña completamente montada. Del golpe que me dio para que soltase su polla, me desperté y cual no fue mi sorpresa cuando vi que, yo estaba completamente empalmado. Salté de la cama y me metí en la ducha. Después de haberme duchado y que mi polla estuviera de nuevo caída, salí del baño completamente desnudo como acostumbro andar por casa por las mañanas. Me vestí y le dije a mi sobrino que le esperaba en la cafetería del hotel ya que al ir en una excursión programada, teníamos que estar listos a las nueve y media. Estuve un rato sentado en una mesa, esperando a que mi sobrino Jaime llegase. Observando las otras mesas, me fijé en una pareja que podría tener unos cuarenta o cuarenta y dos años. Ambos eran muy atractivos. Ella era rubia, ojos verdes y un buen cuerpo.
Llevaba una falda por encima de la rodilla pero que, al sentarse, se le había subido bastante y enseñaba parte del muslo, cosa que hizo que a mí se me empinara la polla. También tenía unas tetas que sin ser muy grandes eran de esas que caben en una mano. El marido se dio cuenta de cómo la miraba y ella, cosa natural, también ya que, cada vez que bebía de la taza, sacaba la lengua y se la pasaba por los carnosos labios. Al llegar Jaime le dije que me trajera el desayuno porque yo me encontraba armado como un burro y no quería que esa pareja se diera cuenta de cómo estaba. Además tenía que verlos durante diez días y no quería que pensasen que yo era un viejo verde. Esta pareja acabó, antes que nosotros, de desayunar y cuando salieron de la cafetería, ella iba moviendo su culazo de manera exagerada para que yo pudiera contemplarla mejor. Jaime se dio cuenta y sin ningún problema dijo que podíamos intentar algo con ella. Lo dijo sin ninguna vergüenza, así de claro como si olvidara que yo era su tío. Una vez en el autobús que nos llevaba a la excursión del día, nos encontramos a esta pareja.

Todo el viaje ella no paró de sonreírme ya que estaba sentada delante de mí. De vez en cuando cruzaba las piernas de tal manera que yo podía verle incluso los pelos negros de su coño por los lados de la minúscula braga. Esta visión hizo que se me pusiera dura aunque esta vez no me importó que se diera cuenta. Cuando nos íbamos a bajar, ella iba detrás de mí y no sé si lo hizo queriendo o no pero tropezó con los escalones y cayó encima de mí. Yo perdí el equilibrio y por la sorpresa y su peso, caímos los dos al suelo. Fue aquí cuando ella me agarró todo el paquete y lo palpó bien, notando lo duro que yo lo tenía. Después se pasó todo el día pidiéndome perdón de cómo había podido tropezar y para hacerse perdonar nos invitaron a cenar a un restaurante. Ella vino muy bien vestida, con una falda muy corta y una blusa azul. No llevaba sujetador por lo que se le notaban muy bien sus duros pezones. En la mesa del restaurante, con cierta habilidad y protegida por el mantel, nos sobó a los dos, a mí y a mi sobrino, nuestras entrepiernas lo que, como era de esperar, nos puso muy cachondos. Cuando terminamos de cenar, el marido nos invitó, a mí y a mi sobrino, a que fuéramos a su habitación para tomar las penúltimas copas.
Aceptamos ya que en mi mente estaba la idea de que podíamos follárnosla, cosa que me apetecía bastante y me daba igual que mi sobrino me viese con otra mujer. Al entrar en la habitación Maite, que así se llamaba ella, nos dijo que nos pusiéramos cómodos mientras ella iba al cuarto de baño. Jorge, su marido, cogió la palabra al pie de la letra, y sin más empezó a desnudarse. Nos invitó a que hiciésemos nosotros lo mismo. Cuando mi sobrino se quitó el calzoncillo apareció una polla completamente tiesa, con una longitud parecida a la mía, unos 21 cm, pero algo más gorda. Yo y Jorge estábamos medio empalmados pero al ver como estaba mi sobrino, se nos empalmó del todo. Jorge tenía una buena polla, pues podía medir sus buenos 20 cm, aunque no era tan gorda como la mía.
Cuando Maite salió del baño, se había cambiado de ropa. Llevaba una mini bata en la que se marcaba todo su cuerpo ya que no llevaba ni sujetador ni bragas. Al ver ella como estábamos, a pelo por completo, se dirigió hacia nosotros con ganas de devorarnos a los tres. No sabía que polla meterse en la boca, mientras nosotros empezábamos a sobarla por todo el cuerpo. Cuando llegué a su coño peludo noté como Maite estaba muy mojada. Eso me indicaba que ella tenía muchas ganas de ser follada por tres tíos a la vez. Inclinándome, llevé mi boca a su coño. Me encanta comérmelo ya que si no me como el coño y recibo sus caldos es como si no hubiera echado un polvo. Ella, debido a mis lengüetazos y a que le introduje los dedos en su gruta, mojada y caliente, se corrió en mi cara excitándome mucho, disponiéndome a metérsela.
Se encontraba a cuatro patas, así que separándole las nalgas propiné un empujón metiéndole toda mi polla en el coño hasta que mis cojones hicieron tope.

Ella gritó al principio pero cuando procedí a metérsela y sacársela despacio, le gustó. Mientras tanto, Jaime, se la metía en la boca, haciéndole ella una mama de escándalo. Su marido se colocó debajo de ella para seguir comiéndole el coño. Pero cual no fue mi sorpresa cuando, llevando un rato en esta situación, el marido también pasaba la lengua por el trozo de mi polla que salía del chorreante coño de su mujer a la vez que, con una mano me sobaba los cojones y con la otra me magreaba el culo. No me importó. Estaba muy cachondo y además me estaba follando a su mujer. Cuando me corrí, el marido siguió con la comida de coño tragándose, al mismo tiempo, toda la leche que salía de aquella cueva. Ella se corrió tres veces. Jaime lo hizo en su boca y ella se tragó toda le leche que él le echó, sin dejar caer ni una sola gota. Descansamos un poco y tomamos una copa. Estuvimos charlando y fue el marido, Jorge, el que nos dijo que su mujer tenía muchas ganas de follar con un tío y un sobrino y como ella pensó que nosotros lo éramos por eso nos invitó a su apartamento. Con la charla nos volvimos a calentar y ahora los tres fuimos a metérsela en cada uno de sus agujeros.
Yo, esta vez, se la metí en su deliciosa boca que hacía unas mamadas con gran maestría, mi sobrino se la metió en el coño y Jorge le perforó el culo. Así estuvimos un buen rato hasta que yo me corrí en su boca. Me senté en un sillón y el marido, al ver que yo estaba sentado, se la sacó y dejó a mi sobrino con su mujer, que estaba gozando con su tranca. Yo estaba con las piernas abiertas disfrutando viendo como Jaime estaba gozando con aquella mujer y de pronto, Jorge empezó a acariciar mi flácida verga. Como yo no decía nada, se la metió arrugada en la boca y a base de chupetones y de sobarme los cojones e incluso meterme un dedo en el ano, logró calentarme otra vez y acabé teniéndola dura como el hierro. Entonces Jorge me dijo que se la metiera por el culo. Yo, al principio, me mostré un poco reacio ya que a pesar de mis muchas movidas, nunca se la había metido a un tío. Pero pensé, ¿por qué no probar si puede ser tan apetitoso como metérselo a una hembra? Le dije que sí.
– Antes méteme un dedo y luego dos para abrirme un poco el agujero ya que nunca me han metido nada tan gordo – me dijo.
Cuando acabó su mamada, él mismo me la untó de vaselina para que le entrara mejor y me dispuse a metérsela. Se abría las cachas y yo intentaba meterle la punta del cipote pero no entraba hasta que de un empujón le entró todo el capullo. Jorge gritó y yo me quedé quieto pero él me dijo que siguiera metiéndosela y así lo hice, enculándolo hasta que un grito muy fuerte se oyó en la habitación. Eran mi sobrino y Maite que se estaban corriendo. Yo seguía con mi mete y saca particular, recibiendo ahora Jorge un gusto muy placentero ya que, con voz entrecortada, me decía que no parase y que lo hiciera hasta que mis cojones golpearan sus nalgas.

Así lo hice y se la metí entera, parándome para que la sintiera bien adentro. Jorge se moría de gusto hasta que acabé por correrme en aquel agujerito que ahora estaba muy dilatado. Por ser ya las tantas de la noche, Jaime y yo nos fuimos a nuestra habitación, despidiéndonos de ellos y diciendo que teníamos que repetirlo. Cuando mi sobrino y yo estábamos en la habitación y nos acostamos completamente desnudos, estuvimos fumando un cigarrillo y comentando lo que, tanto él como yo, habíamos disfrutado. Al poco rato nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente no teníamos ninguna excursión por lo que teníamos la mañana libre. Yo me levanté, fui a desayunar y luego me volví a la habitación en la que todavía estaba mi sobrino acostado. Al parecer estaba teniendo bonitos sueños ya que su polla estaba tiesa. Al verla me entró la curiosidad por saber qué gusto tenía una polla. Total, que me desnudé otra vez y me metí en la cama con el único propósito de saber qué gusto tenía una verga. Metí la cabeza bajo la única sábana que nos cubría y me dirigí a chupar la polla de Jaime. Le pegué unos lengüetazos primeramente y después me metí todo el cipote en la boca. Me gustó. En este momento Jaime despertó y empezó a gritarme que estaba haciendo pero yo, sin ningún corte, le dije que quería saber qué gusto tenía una verga y nada más.
– ¿Y cómo sabe? – me preguntó.
– ¿Por qué no lo pruebas tú mismo? – le contesté – Chúpamela y lo sabrás.
Se lo dije en broma pero él, sin cortarse, me dijo que me tumbase en la cama que quería hacerlo. Así lo hice, me la chupó y por poco me corro en su boca.
– ¿Serías capaz de metérmela por el culo? – le pregunté – Me gustaría saber qué se siente.
Él, tan cachondo como estaba, accedió pero debido a su grosor, no pudo metérmela en el ano. Cuando vimos a nuestros amigos de la noche anterior, estuvimos hablando con ellos todo el camino hasta que llegamos a la ciudad que era nuestro destino. Tras instalarnos en el hotel y en nuestras respectivas habitaciones, que por cierto eran contiguas y se comunicaban por dentro, no tuvimos ningún reparo en abrir la puerta. Allí estábamos otra vez los cuatro, desnudos y dispuestos a otra sesión de sexo. Entonces yo, con ganas todavía de recibir una polla por el culo, le dije a Jorge que se viniese a mi habitación, que quería que me la metiese y yo metérsela a él. Mi sobrino ya se encargaría de su mujer. No dijo nada y se vino conmigo. Nos tumbamos en la cama e hicimos un 69 en el cual pude no sólo saborear la leche de Jorge sino que me la tragué entera ya que él estaba encima de mí y no pude retirarle la polla cuando se corrió. Cuando yo me corrí, seguí chupándosela para levantársela otra vez y así podérmela meter.

Al poco tiempo la tenía de nuevo tiesa. Me la metió y me estuvo enculando un rato. Al principio me dolió pero después me dio mucho gusto ya que Jorge, mientras me enculaba, me estaba haciendo una paja. Nos corrimos los dos a la vez. Estuvimos un rato descansando hasta que fuimos a reunirnos con Maite y Jaime que lo pasaba en grande ya que estaba enculando a Maite y por los alaridos que daba era prueba suficiente de que estaba gozando a tope.
Cuando se corrieron los dos, estuvimos hablando los cuatro de lo que estábamos gozando hasta que nos fuimos a cenar para, posteriormente, seguir con otra sesión de sexo. Así nos tiramos todos los días que duró el viaje, disfrutando a tope. Ahora y de vez en cuando, cuando me encuentro a solas con Jaime, nos damos una sesión de sexo conjunta, es decir chupándonos las pollas mutuamente y enculándome él.
Por supuesto nadie de nuestra familia se ha enterado de esto y espero que siga así para siempre,
Un abrazo para todos.

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