Relato erótico

Pasión irrefrenable

Charo
20 de julio del 2019

Una amiga la invitó a ir a una cena de “alto standing” y, la verdad, le hacía ilusión. Fue a la peluquería, se puso un vestido de noche negro y algo atrevido y fueron a la fiesta. Había mucha gente, camareros bien vestidos y todo era alucinante. Tuvo un encuentro en el jardín que, aun no ha olvidado ahora.

Tatiana – Barcelona

Una amiga me invitó a una fiesta de alta sociedad en casa de un importante ejecutivo, conocido de ella. Como no quería ir sola, decidió invitarme. Ella me pidió que sobre todo fuera muy bien arreglada, con un vestido de noche, porque iba a haber muchísima gente importante e influyente. Aunque no me animaba mucho la idea, al final pensé que podría ser divertido, además nunca en mi vida había ido a un evento de este tipo y pensé que podía ser interesante, así que comencé a prepararme. Tuve que ir a la peluquería donde me recogieron el pelo en un hermoso moño que dejaba caer una cola hacia atrás, y conseguí un precioso vestido negro de seda, con un profundo escote en la espalda y un corte en la pierna derecha, para poder moverme. El vestido llevaba un trenzado en la parte del pecho, para servir de sujetador, ya que hacía del uso del mismo y solo una tira lo sostenía detrás de mi cuello.
Me coloqué unos guantes negros hasta los codos y unos zapatos con tacón alto, y para terminar un chal negro de tul y encaje para el frío. Esperé a mi amiga que me recogió en un lujoso automóvil, propiedad del ejecutivo, y nos dirigimos a la fiesta. Al llegar fuimos recibidas por dos guardaespaldas en la entrada, quienes preguntaron nuestros nombres y corroboraron nuestra invitación en un ordenador. Una vez dentro, solo caminar unos pasos, se acercó un camarero vestido con un traje negro y con guantes blancos, que nos ofreció una copa de cava bien frío, la cual cogimos encantadas. Seguimos nuestra ruta y pasamos por un largo pasillo lleno de preciosos cuadros a ambos lados y de allí, fuimos a parar a un enorme salón donde habían alrededor de cien personas o más conversando en grupos, sentados o paseando por allí y por allá.
Había varias entradas, como comprobé después, que llevaban a diferentes sitios de la gran casa. Mi amiga atinó a presentarme algunos conocidos de ella, sin embargo, yo estaba anonadada viendo el despliegue de lujo y de las bandejas de comida que pasaban frente a mí, así como los vestidos y joyas de todas las grandes señoras que se pavoneaban por el salón.
Entre saludos y saludos fuimos recorriendo el salón, cuando ya aburrida de tanto parloteo, le dije a mi amiga que saldría a dar una vuelta por la piscina.

Ella me sonrío con mirada pícara, dándome a entender que me deseaba suerte en mi cacería. Devolví la sonrisa, tomé mi cuarta copa y salí por unos amplios escalones que me llevaban a una terraza sobre la piscina. El cielo estaba despejado y la noche clara brillaba sobre el agua haciendo el lugar muy agradable. En la otra esquina de la terraza había una pareja charlando, al igual que alrededor de la piscina, sin embargo, mi mirada encontró una mujer joven y sola entre los arboles de pino, detrás de la piscina. Llevaba un precioso vestido rojo ceñido al cuerpo y caminaba muy lenta, como meditando, también iba con una copa en la mano. Parecía una muchacha muy normal, y sin embargo, no sabía porque, pero no dejaba de llamarme la atención.
Así que sin pena ni gloria decidí bajar a ver si podía abordarla. Caminé bordeando la piscina para irme acercando y mientras más grande se hacia su imagen pude descubrir una hermosa mujer como de mi edad, con una tupida cabellera roja y unos ojos verdes que me perforaban. Ya estaba más cerca y sentía como la duda me ablandaba y no podía decidir qué decirle. Cuando logré alcanzarla, se giró y me miró. Una mirada melancólica esbozó una sonrisa y siguió en sus pensamientos. Algo le pasaba, así que me acerqué, me presenté dándole la mano y le expliqué que no conocía a nadie en la fiesta y que como la vi sola, pensé en que podíamos hacernos compañía. Ella me miraba de arriba abajo devolviéndome el saludo y me dijo que se llamaba Sandra. Comenzamos a charlar de trivialidades mientras bajábamos por un jardín que bordeaba la casa.
Se notaba que ella conocía el lugar, así que me dejé llevar por sus pasos. No estoy segura de entender lo que pasó después, ya que estábamos sentadas frente a un jardín diferente al anterior, con unos arbustos de más de un metro de alto y cuando miré hacia atrás, noté que la casa, la piscina y la gente ya no eran visibles. Estábamos solas en ese gran jardín, que despedía una agradable fragancia, cuando Sandra me cogió de las manos y comenzó a sollozar mientras me contaba como la había decepcionado su pareja y ahora se encontraba entre la espada y la pared con cierto problema en su trabajo que no logré entender. Traté de consolarla, por lo que la abracé mientras acariciaba su cabello, y pude notar ese agradable aroma a mujer que tanto me gusta… Nuestros pechos estaban pegados, calentando nuestros cuerpos ya fríos por la noche, y lo ligero de nuestros vestidos.
Nos separamos para quedar cara a cara. Sus ojos verdes me atravesaban otra vez mientras una diminuta lagrima bajaba por su mejilla, dejando sus ojos brillantes. Con mis dedos sequé sus lágrimas antes de que dañaran su maquillaje y cuando bajé la mirada para ver mis dedos, sentí como sus labios se fundieron sobre los míos.

Fue un beso sorpresivo, instantáneamente sentí como mi cabeza se nubló y un corrientazo recorrió mi cuerpo de arriba a abajo, estaba excitada de una extraña que no conocía y mi cuerpo respondió a su beso con tal ternura que no podía entender porque no podía o no quería separarme. Ella me soltó dejando un suspiro en boca y con mis ojos cerrados escuché su voz tímida pidiéndome perdón. Tardé un segundo en reaccionar para decirle que no se preocupara que yo podía entenderla, aunque la verdad no podía, y luego se me escapó de mi boca el decirle que fue muy agradable y excitante (culpa del licor supongo).
Entonces nos quedamos mirándonos unos segundos mientras sentía como trataba de acercarse nuevamente a mí y no pude hacer nada. Mis ojos se cerraron nuevamente para sentir la calidez de sus labios sobre los míos besándome. Fue un profundo beso, mientras su lengua recorrió todo mi interior y cuando lograba sacar la mía, se veía atrapada entre sus labios. Me sentía ahogada, sin voluntad, a su merced…
Sus manos comenzaron a recorrer mi espalda desnuda, dejando pequeños latigazos de placer en su recorrido y cuando llegaron a mi cuello lograron soltar mi vestido que cayó sobre mis piernas, dejando mis tetas libres al aire frío de la noche. Mis ojos seguían cerrados, y mi cuerpo era un mar de sensaciones emitidas por los dedos de esa desconocida e intrigante mujer que me osaba recorrerlo con la yema de sus dedos, como palpando cada centímetro de mi ser.
Abrí los ojos y noté que me miraba como evaluando si podía continuar, traté de abrir la boca para hablar, pero solo salió mi lengua para humedecer mis labios y ella comprendió que podía seguir.
Colocó su mano sobre mi cuello y la deslizó hacia abajo entre mis senos solo para hacerme suspirar. Su mano acarició mi abdomen y volvió a subir hacia mi pezón, rozándolo suavemente. Tenía la piel erizada por el frío y por sus mimos, pero cuando sus labios humedecieron mis pezones, una ola de calor comenzó a inundarme. Primero besó con sutileza mis pezones, para luego darle paso a las lamidas con su lengua húmeda. Yo estaba extasiada por su suavidad. Mi espalda arqueada hacia atrás y mis ojos cerrados me permitían sentir sus dientes apretando mis pezones. Con ambas manos juntó mis senos con fuerza, así tenía más cerca cada pezón para estimularlos casi simultáneamente.
Mis piernas flaqueaban cuando se levantó para desabrochar sus zapatos. Soltó los broches detrás de los tobillos y se descalzó. Siempre mirándome sin desviar la vista. Yo seguía sentada con mis pechos al aire, así que abrí mis piernas y la tomé por la cintura para acercarla a mí. Mis manos fueron a sus tobillos para levantar su vestido hasta encontrar los broches que sujetaban sus medias, los abrí para ir enrollando las medias hacia abajo mientras besaba la piel de su pierna ya descubierta. Luego la otra pierna, pero al llegar abajo volví a subirle el vestido hasta la cintura mientras mi lengua lamía toda su pierna, hasta llegar a vagina, frágilmente tapada con un tanga de encaje del mismo color del vestido que dejaba entrever que no tenía vello, que estaba totalmente depilada. Nunca había visto semejante belleza en una vagina, así que me demoré en admirarla.
Mis manos deslizaron su tanga por debajo de la rodilla y dejarla caer, y mi boca se acercó a esa maravilla que nos hace mujer. Mi lengua comenzó a saborearla mientras sentía sus dedos soltaban mi moño del cabello para enredarse en mi cabeza y comenzar a jugar entre ella. Poco a poco fui calentándola, hasta que la sentía más húmeda.
– Espera -me dijo.

Se separó de mí para dejar caer su vestido y quedar completamente desnuda frente a mis ojos. La noche brillaba sobre su piel blanca, y dos firmes y hermosos senos me llamaban como encantada. Su cabello rojo caía sobre sus hombros casi tapando la única prenda de perlas que engalanaban su cuello, y sus ojos verdes penetrando mi mirada me intimidaron mucho más. Me levanté dejando deslizar también mi vestido, solté mi liguero de encaje y me lo quitó junto con mi braguita. Cuando fui a quitarme los zapatos para sacar mis medias, ella me detuvo pidiéndome que me los dejara. La miré sorprendida, ya que quería estar desnuda para ella también. Se acercó, me cogió de las manos y unimos nuestros senos, siguieron nuestros brazos, y nuestras bocas cerraron en un profundo pero apasionado beso.
Mientras nos besábamos, no dejaba de apretarme las nalgas y yo de acariciar su espalda. Finalmente nos separamos y ella me acostó sobre el banco donde nos habíamos sentado. Luego pasó su pierna sobre mí, para entregarme toda su vagina, y separó mis piernas para comerse la mía. Metió su cabeza entre mis muslos para darme la mamada más delirante de toda mi vida. Comenzó a chupar suave y lentamente hasta que su lengua abrió mis labios ya húmedos y mostrarle una entrada palpitante por donde se coló su lengua. Mientras metía su lengua cada vez más adentro, sus labios apretaban mi clítoris mientras sus manos abrían cada vez más mis piernas. Yo lamía sus labios impregnados de su sabor mientras con una mano separaba sus nalgas y la otra penetraban su vagina, dos dedos primero comenzaron su vaivén. Luego bajé sus nalgas con mi mano para chupar su ano mientras cuatro dedos entraban con frenesí por su vagina.
Mis movimientos eran rápidos y solo quería darle placer, pero su lengua dentro de mi vagina y mi clítoris presionado por sus dedos, no dejaban concentrarme. En un respiro de ansias, saqué mi mano al mismo momento que saqué mi lengua, levanté sus caderas para chupar su clítoris y una vez que lo tuve prisionero entre mis labios, introduje lentamente dos de mis dedos en su ano. Ella no se lo esperaba y como mi lengua ya lo había dilatado, entraron con bastante facilidad. Ensartada como estaba dejó de comerme por dentro para tratar de maniobrar, pero no la dejaría. Siguió un tercer dedo para expandir su ano y noté como comenzó a convulsionar. Su explosión de placer estaba muy cerca. Yo no aguantaba más, ella comenzó a lamerme con desesperación y a perforar mi vagina con sus dedos mientras jadeaba, casi gritaba, pero no la soltaba.
Mis tres dedos dentro de su ano, entrando y saliendo junto con su clítoris en mi boca eran demasiado para que ella pudiera coordinar sus movimientos. Mi mano libre levantó un poco más sus caderas y pude meter mi mano en su vagina para penetrarla con dos y luego tres dedos. Sentía mis dedos calientes dentro de su cuerpo como se rozaban entre sí por cada orificio. De repente se contorsionó todo su cuerpo mientras gemía cada vez más fuerte y sentí como alcanzaba su orgasmo. Las piernas le temblaban y vibraba con locura, y como clavó sus uñas sobre mis piernas, fue el éxtasis. Quedó como muerta sobre mis piernas. Estaba helada, pero se levantó y volvió a abrir mis piernas ahora sentada frente a mí y comenzó a chuparme ahora más calmada. Su dulzura llegó de nuevo a mi clítoris, y sus dedos entraron nuevamente en mis ya hinchados labios, para penetrarme mientras me chupaba, pero en esa posición le fue muy difícil alcanzar mi culito así que se concentró en mi clítoris.
Tuve que taparme la boca para no gritar, aunque estábamos solas en medio del jardín, nunca se sabe… Mi cuerpo se estiró hacia arriba y hacia abajo por lo que ella me tomó por la cintura y me metió casi toda su mano dentro de mí.

Tuve un orgasmo espectacular y único, me sobrevino como una gran ola que me inundó toda por dentro, electrizando cada parte de mi cuerpo. Caí sobre su cuerpo agotada por el delirio y el placer, y así nos quedamos un buen rato, abrazadas, recuperándonos de una experiencia nueva e irrepetible por mí. Solo nuestra respiración y la brisa nos acompañaba.
Al cabo de un rato, en silencio nos incorporamos para vestirnos y cogidas de la mano regresamos a la fiesta. Una vez allí, nos dimos un beso de despedida y nos alejamos.
Esa fue mi primera experiencia con una mujer, después del inmenso placer que sentí con Sandra, he tenido la necesidad de hacer el amor con otras mujeres, con las que he disfrutado, pero ya nunca ha sido igual. Fue algo muy especial, una terrible atracción imposible de controlar…
Besos

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