Relato erótico

Noches para recordar

Charo
26 de enero del 2018

Nos cuenta cómo empezó una nueva “etapa” en el sexo con su novia. La primera vez fue después de una fiesta y se repitió una noche de fin de año y así sucesivamente. Vicio total.

Abel – Pamplona
Me llamo Abel y en un número anterior de la revista contaba que el día de mi cumpleaños, un día entre semana, nos habíamos saltado las últimas clases de la mañana y fuimos a tomar unos vinos con algunos amigos y compañeros de clase. Tomamos bastantes copas y cuando nos dimos cuenta estábamos algo bebidos y eran ya cerca de las 4 de la tarde. Por aquel entonces, todos nuestros compañeros ya se había ido, todos menos uno, Adrián. Es un compañero de clase con el que tenemos una buena relación, pero sin llegar a ser lo que se dice amigos. Cuando nos quedamos solos los tres, pues también estaba mi novia, Lorena, nos propuso ir a su casa a descansar un rato y aceptamos. Al cabo de un rato decidimos jugar a una especie de strip-poker y gracias a ello terminamos Adrián y yo, follándonos a mi novia.
Ahora voy a contar nuestra segunda experiencia que marcó el inicio de una serie de encuentros de Lorena con Mateo, que se ha convertido en uno de sus amantes relativamente habituales.
Fue en la noche vieja de hace algunos años. Mateo es uno de mis mejores amigos, nos conocemos hace muchos años y tenemos una gran confianza. Nunca le había comentado nuestra primera experiencia, pero sabía que se nos había pasado por la cabeza hacer algún trío, es más, alguna vez le habíamos comentado Lorena y yo que si quería apuntarse, aunque siempre en un clima de medio en broma medio en serio. Aquella noche de fin de año, había discutido con su novia y ella no salió con el resto del grupo. La noche transcurrió con alegría, como suelen ser esas noches, y con bastantes copas. No recuerdo qué hora sería, pero más o menos sobre las 4 ó 5 de la madrugada, Mateo se acercó a nosotros y nos comentó si seguía en pie la oferta del trío. Lorena y yo nos miramos, y contestamos que sí, quedando para más tarde, sobre las 6 más o menos, y seguimos con la fiesta.
Cuando llegaba la hora, buscamos la forma de marcharnos los tres sin levantar sospechas en el resto del grupo, hicimos como si nos perdíamos entre la gente y nos dirigimos hacia su coche. Lorena montó a su lado en la parte delantera y yo atrás. Nos dirigimos hacia las afueras de la ciudad, a un descampado y allí aparcamos el coche. Nada más aparcar, nos miramos los tres y Mateo comenzó a acariciarle las piernas y empezar a introducir sus manos bajo su vestido. Aquella noche, Lorena llevaba puesto un vestido negro de fiesta, con unos zapatos de tacón y debajo un conjunto de lencería azul marino compuesto por un tanga, sujetador y liguero.

Al cabo de unos minutos, el asiento en el que estaba Lorena, se reclinó hasta quedar prácticamente horizontal. En esa posición, tanto Mateo como yo teníamos acceso a su cuerpo, que por aquel entonces se retorcía bajo nuestras caricias y pugnaba por apartar su vestido, que ya estaba enrollado en su cintura.
Mateo estaba como loco, acariciando sus muslos, su cintura, la sobaba con fuerza mientras que yo me había apoderado de sus pechos tras desabrochar su sujetador. Lorena no hacía más que retorcerse entre nuestras manos y comenzaba a emitir gemidos cada vez más audibles. Yo acercaba mi boca a su cara y ella me entregaba su juguetona lengua para que la chupara con fuerza mientras Mateo había comenzado a deslizar sus dedos bajo su tanga. Yo seguía sobando a conciencia sus pechos y lamiendo su boca y su cara cuando sentí como se ponía tensa y emitía un grito. En ese momento supe que Mateo tenía ya sus dedos dentro del coño de mi zorra. A partir de ese momento, Lorena comenzó a moverse con rabia. Parecía como si quisiera que los dedos de Mateo desaparecieran totalmente en su interior mientras gritaba, ya sin disimulo y pedía más. Nos pedía que siguiéramos, que continuáramos sobándola con fuerza y nos preguntaba si nos gustaba, si nos gustaba usarla como una puta. Mateo la miraba con lujuria mientras ella le sonreía y le pedía más, le pedía que le metiera más dedos dentro de su coño de zorra viciosa. Mateo se abalanzaba sobre sus pechos y los chupaba con violencia, pasando de uno a otro alternativamente mientras movía sus dedos dentro de su coño con un ritmo frenético, y fue así como Lorena alcanzó su primer orgasmo, entre gritos y palabras casi ininteligibles.
Después de un breve descanso, pasaron los dos a la parte trasera del coche colocándose Lorena entre ambos, ya completamente desnuda. Durante mucho rato, no paramos de comerla y de sobarla a conciencia por todos los rincones de su vicioso cuerpo. Chupábamos sus pechos a la vez e incluso llegamos a meterle los dedos de ambos dentro de su coñito. Al cabo de un rato, pidió nuestras pollas. Sentada como estaba, en el medio de los dos, comenzó a acariciar nuestras vergas a la vez, una en cada mano mientras nosotros continuábamos con nuestros sobeteos y lamidas. La polla de Mateo, es bastante grande, andará por los 21 cm, algo más que la mía y a Lorena parecía gustarle su nuevo juguete así que no tardó mucho en abalanzarse sobre ella y tragársela por completo con algunas arcadas. La zorra de Lorena chupaba y lamía la polla de Mateo como si estuviera hambrienta introduciéndosela entera y lamiéndola después, mientras acariciaba sus huevos y los recorría también con su lengua. Estaba como poseída, como loca por comerse aquella polla de modo que para buscar una mejor postura se puso como pudo a cuatro patas ofreciéndome la preciosa visión de su trasero. De esa guisa no me pude resistir, así que me incorporé como pude y se la clavé por detrás, en su coño, de un solo golpe. Ante mi embestida, la polla de Mateo casi la atraviesa la garganta y ella comenzó a gritar, a pedir más, a decir que así le gustaba estar, como un perra follada a cuatro patas mientras comía también un polla.

Los trabajos bucales de Lorena parece que dieron sus frutos, porque Mateo descargó dentro de su boca una abundante corrida que Lorena tragó con deleite limpiándole la polla después mientras yo no paraba de embestirla por detrás. Entonces Mateo se puso a descansar un rato, y Lorena y yo aprovechamos para cambiar de postura. Me senté y ella lo hizo sobre mí, mirándome, y se introdujo mi polla comenzando a botar y a saltar sobre ella. Yo mientras tanto, mordía y chupaba sus pechos mientras ella gritaba delirante lo mucho que le gusta que le coman bien las tetas mientras la follan. Ante ese espectáculo, la polla de Mateo reaccionó y Lorena comenzó a pajearle mientras seguía saltando sobre mí. De repente su espalda se arqueó hacia atrás, y comenzó a frotarse el clítoris de forma salvaje mientras aumentaba el ritmo de su sube y baja y gritando de forma alocada alcanzó un nuevo orgasmo. Tras un momento de relax, se colocó de nuevo a cuatro patas pero esta vez con mi polla dentro de su boca hasta que hizo que me corriera y se la llenara de ese néctar que tanto le gusta.
Mateo ya había comenzado sus trabajos manuales en el coño y culo de Lorena así que cuando terminó de limpiar mi polla con su boca, me dio un beso y se sentó sobre Mateo como lo había hecho antes sobre mí. Se clavó toda su gran polla sin dificultad y comenzó a deslizar los labios de su coñito engullendo aquel tronco en su interior. Yo mientras tanto la acariciaba y ella pedía más, pedía que siguiera tocándola mientras Mateo la follaba. Poco a poco Lorena iba enloqueciendo y gritando como una loca, abrazando a Mateo y entregándole su boca, hasta hacerle que dirigiera su cabeza hacia sus pechos para chuparlos y comerlos mientras enterraba su polla en el coño de mi Lorena. Yo los miraba, Lorena estaba como un animal en celo, gritaba y gemía mientras era poseída por su amante hasta el punto de que solo me miraba para preguntarme si me gustaba, si me gustaba ver como se follaban a mi novia. Yo estaba muy excitado, y me la meneaba mirándolos con esa extraña sensación mezcla de celos y excitación salvaje.
Instantes después, Mateo le dijo que se iba a correr y Lorena se zafó de su polla hasta metérsela en la boca y recibir de nuevo se leche caliente mientras me miraba con esa cara de zorra salvaje. Nada más terminar, le dije que ahora mi iba a correr yo y realizó la misma operación hasta que de nuevo me corrí en su boca y ella de nuevo tragó toda mi leche de esa forma que tanto le gusta. Tras descansar un poco, y comprobar que ya era de día, nos vestimos y Mateo nos llevó hasta mi coche. Allí se despidieron con un beso y llevé a Lorena a su casa. Por el camino, se durmió y no hablamos de lo sucedido hasta el día siguiente en el que follamos como locos recordándolo y decidiendo que sería muy interesante repetirlo.
Durante algún tiempo, no tuvimos ocasión de repetir con Mateo hasta un día, en que después de estar de fiesta en una ciudad cercana, yo tenía que llevar a Lorena a su casa. Mateo se ofreció a acompañarme puesto que su novia no estaba ese día.

Adelante íbamos Lorena y yo y cuando habíamos recorrido algunos kilómetros, Lorena se deshizo de su cinturón de seguridad y sin decir nada pasó al asiento de atrás junto a Mateo. En ese momento, yo le dije que era una zorra y que por lo visto tenía ganas de repetir con la polla de Mateo. Ella se río y seguimos el viaje. Era una noche sin tráfico, así que yo situé como pude el espejo retrovisor para poder ver las evoluciones de la puta de Lorena. Mateo no perdía el tiempo y Lorena ya estaba semidesnuda ofreciendo su cuerpo a su amante. Yo no podía ver muy bien lo que hacían, pero por los gemidos de Lorena supuse que la cosa se estaba poniendo caliente. Le hizo una buena mamada y entonces Mateo la sentó sobre él y le introdujo su polla. Lorena gritaba que sí, que le gustaba, que le gustaba que la follara y que siguiera dándole caña. Mateo le decía que era una zorra, una puta y que si quería polla se la iba a dar bien dada. El tiempo transcurría y estábamos llegando a la ciudad, así que Lorena me pidió que buscara un camino para aparcar y así su amante pudiera terminar de follarla. Lo hice, aparqué el coche en un camino cerca de la carretera y paré el motor. Justo en el momento que me giraba para mirar, vi como Lorena se colocaba en cuclillas para meterse la gran polla de su amante más dentro y oí como sus gritos se hacían más fuertes mientras aquella polla se clavaba en su coño.
Lorena gritaba como una perra en celo pidiéndolo más, pidiéndole que la partiera en dos con su polla y suplicándole que comiera sus tetas. Tras unos minutos así, Lorena dio un grito terrible que anunciaba uno de los orgasmos más intensos que haya tenido, según me confesó después. Mateo se levantó y tras besarla salió a la calle a vestirse y fumar un cigarro. Lorena quedó rendida en el asiento del coche y yo aproveché para pasar a la parte trasera y comenzar a tocarla y chuparla. Estaba muy excitado, así que después de una pequeña mamada, la senté sobre mí y se la clavé entera. Estaba encharcada, terriblemente húmeda de forma que mientras saltaba sobre mi polla sus líquidos chorreaban por mis piernas. Entonces comprendí que aquella humedad no era solamente suya, sino que su amante había descargado dentro de su coño toda su carga de leche. Era la primera vez que alguien que no era yo se corría dentro del coño de Lorena, y eso me excitó tanto que no tardé en aumentar su humedad con una nueva descarga de semen en su interior.
Tras ayudarla a vestirse, le llevamos a su casa y en el camino de vuelta, Mateo y yo hablamos de lo zorra que era, y de lo buena amante que era, confesándome Mateo que le gustaría tener alguna sesión de sexo con ella a solas. Ha pasado el tiempo y Mateo, Lorena y yo hemos tenido más aventuras y, como no, la zorra de Lorena ha estado a solas con él en algunas ocasiones. Recuerdo un fin de semana en que Lorena se quedaba a dormir en mi casa en el que, durante 3 noches, antes de irnos a casa se iba con Mateo a follar mientras yo esperaba volviendo cada una de esas noches con su coño inundado de la leche de su amante.

Últimamente, la verdad es que no hemos tenido oportunidad de repetir con Mateo aunque estoy seguro que si se tercia, la zorrita de mi novia no tendrá inconveniente en volver a gozar con su primer amante.
Saludos

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