Relato erótico

Noche sensual

Charo
8 de febrero del 2020

Según nos cuenta son una pareja ideal, profesional y económicamente les funciona muy bien, pero lo más importante es que sexualmente se entienden de maravilla y con frecuencia, “montan” unas veladas románticas, sensuales y muy calientes.

Ana – San Sebastián
Me llamo Ana y soy una mujer felizmente casada. Tengo 35 años y estoy contenta con mi cuerpo, mido 1,70, tengo ojos y pelo castaños y una hermosa figura que trabajo en el gimnasio. Mi marido, Julián, es 7 años mayor que yo y es muy guapo, con esos ojos verdes que me enamoraron desde la primera vez que nos conocimos. Somos profesionales de éxito y no tenemos hijos por el momento, así que nuestra posición económica es desahogada.
Para mantener viva la pasión, dos o tres veces al año hacemos una escapada romántica a un hotel. Él es muy atento en esas ocasiones, lo prepara todo con mucha antelación. Me suele regalar lencería de la más cara para esas ocasiones, y eso nos encanta a los dos.
Hace tres meses, marcamos en nuestra agenda un viernes por la noche para uno de esos días, pero lo que ocurrió fue tan inesperado para mí que no me resisto a compartirlo.
Eran las siete de la tarde y estaba a punto de terminar mi jornada de trabajo. Me llegó un mensaje de Julián que decía: “Cuando llegues al hotel, pide en la recepción un mensaje que he dejado para ti”. Aquello empezaba bien, el misterio forma parte del juego.
Tomé un taxi y llegué al hotel en las afueras, un establecimiento de cuatro estrellas moderno y muy hermoso. Me dirigí al mostrador y el conserje me entregó una carta cerrada y la tarjeta de acceso a la habitación. Entré y la encontré vacía, pero sobre la cama había un gran paquete envuelto en papel de regalo y tres docenas de rosas rojas llenaban de aroma la estancia.
Abrí la carta con cierta emoción.
“Mi amor, he dejado para ti algo especial para que lo lleves esta noche. Arréglate y a las nueve en punto espera en la terraza jardín del bar. Te prometo una gran sorpresa”.
En la caja me encontré un precioso corsé, negro, con portaligas y tanguita a juego. Sonreí con malicia al pensar en el efecto que tendría sobre Julián.
Me duché y empecé a maquillarme con esmero. Sé que a él le gustan la sombra de ojos y las pestañas bien marcadas en las mujeres y me puse un pinta labios rojo brillante. A continuación me enfundé el corsé, ¡quedaba perfecto! Me coloqué las medias y unas sandalias de tacón alto espectaculares.
Era otoño pero aun hacía una temperatura agradable. Escogí un vestido negro que realzaba mis encantos, y recogí mi pelo en un moño alto. Quedaban diez minutos para la hora convenida, así que tomé un bolso a juego y bajé a buscar a Julián.

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La terraza estaba bastante concurrida, casi todo eran parejas que tomaban una copa o cenaban. Un camarero se acercó y me preguntó si era Ana. Al contestar que sí, me entregó una nota que una mujer había dejado para mí. Eso me extrañó, porque yo esperaba a Julián. El sobre era diferente del anterior y al abrirlo percibí el aroma inconfundible de un perfume femenino. Intrigada desplegué el papel.
“En breves momentos alguien se acercará a ti. Es una buena amiga que no conoces, pero forma parte del plan de esta noche. Por favor, trátala con cariño.”
Levanté la vista y busqué a Julián pero no había ni rastro de él. Me inquieté porque él me había hablado a veces de hacer un trío y temí que hubiera contratado a una prostituta para hacer realidad su fantasía, que a mí no me atraía en absoluto.
Pasaron cinco minutos y no llegaba nadie. Estaba empezando a alarmarme. Entonces apareció ella. Vi a una mujer madura que entraba taconeando con seguridad y se dirigía hacia mi mesa. Al principio no distinguí bien sus facciones, porque soy un poco miope y por coquetería no me había puesto las gafas, pero al acercarse casi me desmayo… Preguntó de manera muy cortés:
– ¿Puedo sentarme contigo?
Entre enfadada e incrédula musité:
– Julián, ¿eres tú?
– No cielo, me llamo Bárbara – me respondió con voz impostada y se sentó.
Extrajo una cajetilla del bolso y me ofreció un cigarrillo mentolado. Lo encendí y aspiré con fuerza. Él… o ella hizo lo mismo. Fumaba de una manera muy femenina. Me miró sonriendo.
– ¿De verdad me encuentras grotesca? Me he estado arreglando todo el día para estar guapa para ti.
Debo reconocer que se lo había tomado muy en serio. Vestía un traje de chaqueta gris y una blusa de seda. Se había maquillado hasta el punto que no resultaba fácil adivinar que era un hombre. Llevaba unos zapatos de tacón muy hermosos, collar de perlas de varias vueltas y su lenguaje corporal era femenino. Había elegido una peluca castaña que casi no se notaba artificial.
– No sé, no me gusta, es ridículo…
– Tú estás arrebatadora, cariño. Julián ya me había advertido que eres muy hermosa, pero es mucho mejor de lo que imaginaba
– Julián me ha dicho que te encantan las sorpresas. Y que estás muy enamorada.
Me tomó de la mano. Ese gesto de cariño me ablandó un poco.
– ¿Por qué no seguimos un rato con este guión, hasta que veas si te gusta o no?

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A medida que la cena avanzaba y la botella de vino se vaciaba, fui sintiéndome más cómoda. De vez en cuando miraba a los comensales de alrededor por si alguno nos miraba con extrañeza. Un hombre mayor muy elegante fijaba su vista furtivamente en Bárbara. Ella le devolvió una sonrisa cautivadora. De pronto Bárbara dijo:
– No sé, como hombre sí, pero es que nunca te había visto de esta forma.
– Sube conmigo a la habitación y lo descubriremos.
Nos fuimos de la terraza riendo. Bárbara caminaba bastante bien con los taconazos que se había puesto.
Al llegar a la habitación, me dijo que me pusiera guapa y esperase un momento.
Se acercó a mí. Olía a Channel número 5, era muy agradable y desconcertante. Acarició mi mejilla.
– Nunca imaginé que la primera vez con una mujer fuera contigo – me dijo. ¿Crees que tu marido se pondría celoso?
– No, se pondría muy cachondo… Solo voy a poner una condición.
– Dime.
– Solo cosas de chicas y con mucha suavidad.
– Solo cosas de chicas…
Se colocó detrás de mí para acariciarme. Los hombros, el pelo, mis senos… Me dejé llevar por su dulzura y sus palabras:
– Eres la tentación hecha carne, una mujer tan sexy como no habría podido ni imaginar
Empezó a frotar sus caderas contra mis nalgas. Notaba el tacto de las ligas, las medias, el paquete, eso me puso muy cachonda… Entonces sentí que sus dedos se deslizaban sobre mi monte de Venus, produciéndome un estremecimiento acompañado de un profundo suspiro de placer.
Seguí sus instrucciones. Se alejó para servirme otra copa de champán y traerme los cigarrillos. Puso uno en mis labios y lo encendió.
– Ahora quiero ver como lo haces
Cerré los ojos y hundí un dedo mientras daba una calada… ¡Oh, qué placer! Era mi gran secreto, nunca le había comentado nada a Julián, pero Bárbara me lo había sacado a la primera.
– ¿Te gustaría que te lo comiera mientras te fumas el cigarrito y te bebes el champán?

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Bárbara se colocó entre mis piernas. Me acariciaba los muslos con maestría… Sentí sus labios abriéndose camino. Fue como una descarga eléctrica…
No sé cuanto duró aquel cunnilingus, pero fue muy largo. Noté que empezaba a estremecerme, a punto de alcanzar el orgasmo… Bárbara lo percibió también y paró la muy zorra… Me miró y me dijo…
– Vamos a hacer que dure un poquito más cielo, enciende otro cigarrillo.
– Eres una cabrona, estaba a punto y te paras… Y según decía eso noté que el índice de su mano derecha se metía en mi culito. Casi di un bote, pero estaba tan excitada que seguí sus instrucciones sin rechistar.
Con el índice abría mi rincón más secreto y con el pulgar atacaba los labios, mientras su lengua se concentraba en el clítoris. El orgasmo llegó como una explosión. Me puse rígida y empecé a temblar con un grito que pareció casi animal, era como llorar y reír al mismo tiempo, con todo el universo parado a mí alrededor… Me quedé tan agotada que no sabía si podría volver a caminar.
– Me has dejado tan exhausta que no sé cómo te voy a corresponder… Veo que tú también estás muy caliente.
La braguita champán apenas podía disimular la tremenda erección de Bárbara. Era una imagen extraña pero excitante. Le hice una seña para que se acercase y le ayudé a quitársela y colocar de nuevo bien las medias.
– Ven aquí, túmbate a mi lado.
Nos besamos y nos acariciamos. Yo no sabía muy bien como seguir adelante porque era evidente que no era una chica, pero recordando su dedito tuve una idea.
– Ahora voy a acariciar ese coñito lindo que tienes y tú te vas a dejar hacer.
La punta de mi dedo empezó a trabajar su agujerito. Estaba un poco seco y como me daba un poquito de asco lubricarlo con mi propia saliva me levanté y tomé de mi neceser crema hidratante.
– ¡Ay que viciosa eres, niña! – me dijo. Estaba claro que le gustaba. Su polla rápidamente se puso tiesa como una vara. Deseaba que me follara y le dije:
-Quiero ese pollón de travesti dentro de mí, ¡ahora! – le ordené agarrándole con fuerza el miembro.
Me tumbé. Quería ver la cara de aquella mujer mientras me penetraba. Entró con una suavidad extrema. Se arrodilló y enrosqué mis piernas, qué dulzura sentir el roce de aquellas medias contra las mías, la suavidad de su lencería entre mis caderas.

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– Vamos, zorra, fóllame como merezco…
Fue un polvo grandioso, una mezcla de fantasías mezcladas aderezadas con el vaivén de sus caderas, sus ojos de gata verde, el rojo de sus labios.
Me corrí clavando mis uñas en sus nalgas de mujer. Él no había terminado aún…
– En mis medias, acaba en mis medias.
Salió de mí y me incorporé. Sentada a su lado, acaricié el glande, rojo oscuro, brillante, que desprendía un olor acre intensísimo. Sonreí viendo su cara de niña mala al borde del primer orgasmo. El primer chorro fue derecho contra mis pechos, después dirigí la descarga contra mis muslos. Bárbara cayó rendida a mi lado.
Restregué mi mano sobre el semen que me cubría. Me llevé un dedo a la boca y lo chupé, luego volví a embadurnarlo y se lo di a probar a Bárbara. Me tendí sobre ella y nos abrazamos. Olíamos a sexo, a alcohol, a tabaco, a noche de placer.
Nos dormimos agotadas con las manos entrelazadas. Cuando desperté, Bárbara ya no estaba. Julián había vuelto a su lugar.
Le di un beso y pregunté:
– ¿Tienes el teléfono de tu amiga Bárbara?
– Sí, ¿lo pasasteis bien anoche?
– Estuvo bien, cosas de chicas, ya sabes. Me gustaría volver a verla alguna vez.
Nos reímos a carcajadas y volví a dormir abrazada a mi Julián/Bárbara.

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