Relato erótico

Me utilizó y yo también

Charo
9 de noviembre del 2019

Su jefa está muy buena y reconoce que cuando la ve, se pone “palote”. Una mañana, cuando llegó a la oficina, le pareció que había llorado. Le contó que tenía problemas con su marido y que no sabía qué hacer.

José Luís- Madrid
Amiga Charo, soy lector de tu revista desde hace mucho tiempo y hoy quiero contribuir con una caliente experiencia que viví hace unos meses.
Mi jefa es una mujer joven, de 35 años, está casada, mide 1,70, tiene unos pechos perfectos y un culo redondo y salido, seguido de unas largas y preciosas piernas que ella se encarga de mostrar con sus cortas faldas.
Los dos estamos muy unidos por una buena amistad. Todos los días me invita a café en su despacho y yo espero este momento con impaciencia pues puedo verle sus preciosos y macizos muslos e incluso hay días que puedo verle también las bragas y así, todos los días, salgo del despacho con la polla dura y el convencimiento de que mi jefa es una caliente pollas.
Un día, cuando llegó al despacho me saludó dándome un beso en la mejilla y al mirarla me di cuenta de que había llorado. Fui a su despacho y le pregunté qué le sucedía.
– Tengo problemas en casa – me contestó.
– ¿Quieres desahogarte conmigo? – me ofrecí.
– Te voy a contar algo muy íntimo y te ruego que sea un secreto entre los dos -me contestó tras pensárselo un poco- Hace más de un año que no tengo relaciones sexuales con mi marido, se pasa el tiempo de viaje y cuando está en casa pasa de mi, yo creo que tiene una amante.
Le dije que su marido no se merecía la mujer que tenía y ella me preguntó qué podía hacer para que su marido la atendiese y yo le dije:
– ¿Por qué no intentas darle celos? Si No tiene una amante y aún te quiere, seguro que hará algo para recuperarte.
Por la tarde, cuando salimos del despacho, ella me dijo:
– Tu idea me ha parecido muy buena y como es una idea tuya tienes que ayudarme.
– Por mi encantado – contesté – pero tienes que hacer todo lo que yo te diga y para empezar todos los días que esté tu marido, llegarás tarde a casa y empezaremos hoy mismo.
Esa misma noche fuimos a cenar, luego al cine y sobre las doce de la noche la dejé en su casa donde su marido estaba en la ventana esperando su llegada. Antes de marcharse me dio un beso muy cerca de los labios. Al día siguiente llegó muy alegre y me dijo que su esposo se había cabreado y que le hizo mil preguntas a las cuales ella no contestó.
Durante más de dos semanas repetimos la operación hasta que un día le dije que era el momento de dar el paso final y al preguntarme que tenía pensado le contesté que sería una sorpresa.

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Salimos de la oficina y la llevé a una discoteca, nos tomamos dos copas y comenzamos a bailar tomando ella cada vez más confianza hasta que en una canción lenta, pegó su cuerpo al mío haciéndome sentir sus tetas contra mi pecho. Yo me empalmé y ella notó mi polla contra sus muslos y mirándome a los ojos, apoyó su cabeza en mi hombro y yo la apreté más contra mí.
Yo estaba ardiendo y fui bajando mis manos por sus caderas llegando a su hermoso culo y cogiéndola de las nalgas le hice notar mi verga contra su coño. Ella levantó la cara y me besó. Nos comimos la boca durante todo el tiempo que duró la canción dándonos entonces cuenta de que no había nadie y que ya era la hora de cerrar.
Pensando que todo acabaría así y me marcharía con un terrible dolor de huevos, nos metimos en el coche camino de su casa. Ella, al sentarse, se había subido la minifalda y se le veían todos los muslos e incluso sus bragas negras. De pronto y en un semáforo, me cogió la mano y la puso sobre su coño. Lo tenía empapado y me dijo:
– Esto es por culpa tuya y no te voy a dejar ir hasta que no lo soluciones.
Me dirigí a mi casa y nada más entrar, se abalanzó sobre mí y comenzó a comerme la boca mientras sus manos bajaban mis pantalones y yo le quitaba la blusa pudiendo ver sus hermosos pechos. Entonces se puso de rodillas, me cogió la polla, se la puso en la boca y tras jugar con su lengua, comenzó una gran mamada hasta que, mirándome a los ojos, me preguntó:
– ¿Te gusta como te la chupo?
– Eres una gran mamona pero calla y sigue chupando – contesté.
Se la metió otra vez en la boca y comenzó un intenso movimiento de mete y saca hasta que yo no pude aguantar más y me corrí en su boca. Solté varios chorros de semen, que ella tragó, paladeó y siguió mamando dejándome la polla bien limpia. Con la boca aún llena de semen, me dijo:
– Espero que esto no sea todo…
– ¿Todo? – repliqué – Ahora verás, puta, prepárate para gozar.
La levanté, la terminé de desnudar y comencé a chupar sus enormes pezones bajando luego por su cuerpo hasta su coño depilado y cuyos labios brillaban de los jugos que le salían. La tomé en mis brazos y la deposité en la cama, ella se abrió de piernas y me dijo:
– ¡Ven aquí, cabrón, cómete mi coño y hazme correr, quiero que te bebas todos mis jugos, quiero darte todo mi placer!
Abrí su coño con mis dedos y le pasé la lengua por toda la raja. Ella dio un salto y empezó a gemir, le mordí el clítoris y la muy puta se retorcía de gusto. Además, mientras le comía el coño le metía un dedo en el culo. Estaba claro que ella ya no podía más y entre jadeos, me dijo:
– ¡Métemela ya, no aguanto más, quiero que me la metas!

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No la hice esperar, me coloqué entre sus piernas, puse mi capullo a la entrada de su coño, se lo pasé por toda la raja y ella pedía a gritos:
– ¡Métemela, penétrame, no seas canalla, me tienes ardiendo, jódeme!
Le metí toda la polla de un solo golpe y ella hizo un gesto de dolor, exclamando:
– ¡Me partes, cabrón, que pedazo de polla tienes!
Aún no había empezado a follármela cuando sus jugos me mojaron toda la entrepierna. Nunca había visto a una hembra soltar tantos jugos y entre jadeos de placer, decía:
– ¡Que verga, que placer… no la saques que me muero… esto es follar y no lo que hace el cabrón de mi marido!
La desmonté y me recosté a su lado. Mi polla seguía como un palo:
– Eres un auténtico macho – me dijo – ¿Quieres más coño?
La besé y la monté encima de mi, cogió mi polla, la puso a la entrada de su coño y de un solo golpe se dejó caer empalándose. Comenzó a subir y bajar a lo largo de mi verga. Subía hasta el final y se dejaba caer mientras
gritaba:
– ¡Que verga me estoy metiendo, no puedo más, me corro… oooh… sí, córrete conmigo que no aguanto más!
Sentí como un río de jugos, luego se dejó caer y se quedó como muerta con toda mi verga dentro de ella. Como yo aún no me había corrido, la tomé por la cintura y la puse boca abajo, coloqué un cojín bajo ella, a la altura de las ingles y así me ofreció su coño y su culo. Estaba toda mojada desde el coño hasta el ano, el cual se veía muy apretado. Pensé que sería un placer partirle el culo a mi jefa.
Metí mi cara entre sus nalgas y le pasé la lengua por el culo. Ella me decía que no lo hiciera pero levantaba las nalgas y mientras gemía, movía el culo hasta que se giró y mirándome a la cara, me dijo:
– Nunca lo hice por detrás, ni con mi marido, pero ahora quiero darte este gusto, dame por el culo pero no me hagas daño.
Mojé un dedo en su coño y penetré lentamente con él su agujerito. Su ano se dilató y le metí dos dedos, empezando la muy puta a decir:
– ¡Que gusto… me duele pero me gusta… ya, métemela ya!
Me puse detrás de ella, coloqué la punta de mi polla en la entrada, la cogí
de las caderas se la clavé de un solo golpe. Ella dio un grito de dolor y dijo:
– ¡Me partes el culo, cabrón, me lo estás desvirgando, pero me gusta!¡Que
verga! estoy que reviento de todo el pedazo de carne que me has metido pero ya me tienes preparada… rómpeme el culo!
Comencé a taladrarle el culo. Jamás lo había metido en nada tan estrecho. Era caliente. Fui acelerando la enculada y ella movía ese culazo y decía:
– ¡Más, más polla, mete más, no te detengas, rómpeme el culo, déjamelo bien abierto y córrete dentro de mí!
Le hice caso y me la follé con más fuerza y cuando notó que me corría, comenzó a moverse como un caballo salvaje. Entonces la cogí por los pechos, se la clavé hasta el fondo y mi verga empezó a soltar ríos de leche. Nunca en mi vida había arrojado tanto semen en una sola corrida.

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Una vez que terminé, me quedé sin fuerzas y me dormí. Cuando desperté,
Se había marchado pero al día siguiente, cuando me fui a trabajar, vi un sobre en mi mesa. Era mi despido. La muy puta de mi jefa se había arreglado con su marido y ya no quería verme. Supongo que por si le entraban ganas de probar otra vez mi polla.
Mi jefa me había utilizado, había disfrutado de una polla joven y lo que es peor, me dejó sin trabajo, pero se equivocaba pues yo, en un momento de aquella noche y en que ella fue al baño, puse mi cámara a grabar, enfocada a la cama y con el zoom al máximo. Tenía así unos primeros planos en los que se le podían contar los pelos del coño.
Le mandé una carta y una foto en la que ella estaba a cuatro patas, cara a la cámara y yo se la tenía clavada en el culo. Así la convertí en mi puta y mientras yo arreglaba lo de mi trabajo, me visitaba tres días por semana y me tenía que pagar por joderla. De algo tenía que vivir y se lo merecía por querer aprovecharse de mi.
Saludos y hasta pronto.

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