Relato erótico

Gozada total

Charo
25 de julio del 2020

Le gusta nuestra revista y le ponen cachondo los relatos, sobre todo, los de tríos e intercambios. Convenció a su mujer para poner un contacto. Conocieron a un par de hombres, pero no se acabaron de decidir. Fueron a un club de intercambio y…

Pedro – Valencia
Hola amigos, hace tiempo que visito vuestra página de los relatos y entre ellos los que más me gustan son los que se refieren a tríos, sobre todo de dos hombres o más, con una mujer, los de intercambios, los referentes a infidelidades y los de voyeur, él observando a su mujer.
Llevaba algún tiempo para escribiros sin encontrar el momento o sin atreverme a ello, y es ahora que me dispongo a contaros mi experiencia preferida, la que nos sucedió a mi mujer y mí y que fue la primera.
Les diré que esta experiencia es totalmente real, lo único que he cambiado son los nombre de los protagonistas, no así los lugares, para que nadie se sienta identificado y nosotros tampoco. Espero que les guste.
Primero pasaré a presentarnos, somos un matrimonio que llevamos 19 años casados. Teresa tiene 40 años y yo, Pedro, 42 años. Teresa está muy buena, por lo menos para mí y también para la gente, lo digo por lo que suelen decir de ella. Teresa es morena, mide 1,66 cm y pesa 55 kg tiene una figura esbelta y unos pechos muy bien puestos, un poco caídos, 95 de tamaño y una cara bastante bonita. En una palabra, que está muy bien y más aún cuando se arregla un poquito. Por mi parte, yo soy un hombre de 1,78 de estatura y 70 kg.
Hace algún tiempo que tengo la fantasía de ver a Teresa disfrutando con uno o varios hombres a la vez y con mi participación. Esto se lo comentaba a ella cuando estábamos en plena follada y veía que se ponía súper cachonda, igual que yo. Al pasar un 2 ó 3 años la fui convenciendo para realizar un trío o ir lanzándose cada vez más, pero una cosa era cuando estábamos en plena faena y no ponía ninguna pega y otra muy distinta era, una vez en frío, pues la verdad es que nosotros somos muy tímidos y bastante cortados, y dar otro paso hacia adelante era muy complicado, aunque cada vez íbamos quemando más etapas hacía el paso de fantasía a la realidad.
Tengo que decir que nuestra vida sexual, desde que empezamos con las fantasías, fue mejorando mucho, aunque anteriormente ya había conseguido de Teresa que, por ejemplo, me chupase la polla o se dejará que se la metiese por el culo. Bueno, pasado un tiempo por fin conseguí que pusiésemos algún que otro contacto en alguna de las revistas, pidiendo un chico para hacer un trío, solo para ella, y si podía ser, mejor que tuviese una “buena herramienta”.
Fuimos recibiendo bastantes respuestas y solo con dos llegamos a quedar para conocernos. Pero después de conocernos lo del quedar para realizar el trío ya era otra historia. Por fin hace tres o cuatro años conseguí llevarla a clubs de parejas o de intercambios de los que hay por nuestra provincia. Primeramente íbamos y lo único que hacíamos era ver el ambiente, o lo máximo que hacíamos era bailar un poco, pero en la pista que no estaba oscura y nunca dejaba que se acercase a tocarla ningún hombre de los que allí estaban bailando.

Después y ya en nuestra casa echábamos unos polvazos de impresión recordando todo lo que habíamos visto esa noche.
Después de unas cuantas visitas a estos clubs conseguí que saliésemos a bailar a las pistas de baile oscuras y allí con la oscuridad ya nos lanzábamos más, o más bien conseguía que Teresa se lanzase más, pues a mi poco me hacía falta. También empezaron a acercarse parejas y nos metíamos mano unos a otros, bueno le metían mano a Teresa y yo también metía mano, porque ella, aún con el pretexto de la oscuridad, tampoco era capaz. Tan solo se enganchaba a mi cuello con fuerza y yo notaba lo mucho que la gustaba y los orgasmos que ella conseguía. Si quería que ella fuese lanzándose un poco más, tenía que soltarle alguna mano de las que tenía enroscadas en mi cuello y ponérsela en el paquete de la pareja, aunque fuera por encima del pantalón, pero aún así muchas veces retiraba la mano en cuanto podía. Mientras nos tocábamos con las otras parejas, yo la susurraba al oído lo bien que se lo pasaría realizando el sexo con ellos, y también le metía mano yo a ella. En alguna ocasión, y después del magreo con otras parejas, echábamos algún polvo en el local.
Uno de estos días que fuimos a un club y la relaciones públicas del pub, Ana, nos preguntó qué era lo que nos apetecía y que era lo que queríamos conseguir. Nosotros le explicamos que lo que nos gustaba era los tríos con chicos. Ella nos comentó que por allí siempre había o venía algún buen chico con el cual no tendríamos ningún problema y además sería sin compromiso, para ver si podíamos dar el paso de hacer el trío.
Ana nos presentó a un chico de unos 30 años, a lo máximo 35, soltero, al que llamaremos Juan y nos dijo que con este chico no tendríamos ningún tanto si queríamos montárnoslo como no.
Juan es un chico bien parecido, un poco más alto que yo, sobre el 1,80 de estatura y de unos 80 ó 85 kilos, se sentó con nosotros, enfrente de Teresa y nos comentó que era de Tenerife, que solía venir algunos fines de semana a Madrid por asuntos de trabajo y que le gustaba mucho el morbo de ir a los clubs de intercambio y que en alguna ocasión ya había realizado algún trío. Tengo que reconocer que Juan nos lo fue poniendo muy fácil, pues su conversación era muy fluida y de lo que menos hablábamos era de sexo.
Él, no dejaba de mirar a Teresa, le miraba las piernas, y las tetas, ya que aquel día, se había puesto un vestido que le quedaba muy bien y se ajustaba mucho a su cuerpo, con la falda corta por encima de la rodilla y cuando se sentaba se le veían casi las bragas. Además, para la ocasión, se había puesto un conjunto negro de braga y sujetador muy bonito, la braga de estilo tanga de esas que por detrás se meten por la raja del culo y por delante tapa poco, el sujetador era de los que cubre solo un poco más del pezón, por lo que quedaba casi toda la teta fuera, y las medias también negras de las que acaban a medio muslo. En definitiva que estaba Teresa como para comérsela y Juan no dejaba de mirarla.

En un momento dado y cuando ya habría pasado como una media hora de estar charlando, Juan le propuso a Teresa salir a bailar a la pista que teníamos al lado, que no era precisamente la pista de baile oscura. Yo le di mi aprobación, pero Teresa seguía indecisa, a lo que le dije:
– No te preocupes, solo pasará lo que tú quieras que pase y si no quieres seguir adelante no pasa nada.
Por fin Teresa se decidió y salió a bailar con Juan, en el momento en que sonaba música lenta, aunque en estos sitios casi siempre la música que ponen es lenta. Yo los miraba por una de las rendijas de las cortinas que tenían la pista de baile y los veía muy apretaditos, aunque ella al principio se separaba un poco. Tengo que reconocer que estaba cachondo, pues veía a Teresa como siempre había soñado en los brazos de otro, pero por otro me resultaba un poco extraño y tenía mis remordimientos.
Vi como poco a poco, Juan le subía un poco el vestido, dejaba sus bonitas nalgas al aire y se las acariciaba. Cuando acabaron, Juan se fue al servicio, supongo que para dejarnos hablar y comentar un poco lo que había pasado. Le pregunté a Teresa que qué tal había ido la cosa, contestándome:
– Bastante bien aunque he estado muy cortada, pero no ha pasado nada… bueno, en una ocasión él ha intentado besarme en la boca pero yo no le he dejado.
Juan llegó del servicio y ahora fue Teresa la que se marchó al lavabo, lo que yo aproveché para preguntar a Juan, qué le había parecido. Me dijo que Teresa le había gustado mucho y que estaba muy buena. Después me comentó que todo iba por buen camino y que no era cuestión de precipitarse, que había que ir paso a paso, que no había ninguna prisa y que si al final no sucedía nada que nos daríamos la mano y que quedaríamos como amigos y nada más.
Al cabo de un rato le dije a Teresa que fueran a bailar a la pista oscura, y que yo me pasaría por allí después. Al principio no quería, pero la convencí. Por fin, pasado un tiempo me dirigí hacía la pista de baile y la verdad es que, no me costó mucho dar con ellos. Cuando llegué me coloqué detrás de Teresa, y bailamos los dos con ella, muy apretados. Empecé a hablarle al oído y le pregunté qué tal se encontraba. Me dijo que estaba deseando que llegara yo.
La acaricié y llegué hasta su chocho, lo tenía completamente mojado. Era una buena señal. Le toqué el culo y cuando iba a tocarle las tetas, me di cuenta que Juan, le estaba chupando los pezones, y que la muy calentorra, los tenia de punta. Yo, mientras tanto, le iba tocando el culo y coño desde atrás hasta que, en un momento dado, le aparté la braga de la parte delantera para que Juan pudiese tocarle el coño directamente.

Nuestras dos manos la estaban tocando y metiéndole los dedos a la vez en su ya excitado y empapado coño e incluso alguna vez le metía yo un dedo en el culo. Teresa estaba tan caliente, que no se enteró cuando le dirigí la mano a la polla de Juan y le dije al oído que se la sacase y que le hiciera una paja.
Con los nervios no conseguía sacársela por lo que él tuvo que ayudarla. Yo, mientras, la incitaba a que se la tocase bien y que empezase a pajearle. Ahora veía a Teresa que estaba a punto de caramelo, toda chorreando, y le pregunté si quería que Juan se la follara, aunque dudaba, me pregunto quiso saber si Juan llevaba un preservativo, y Juan que lo oyó, se lo puso. El chico estaba nervioso e intento metérsela de pie, le dije a Teresa que le diera la espalda, que se agachara y que me la chupara. Juan aprovechó esta situación y se la clavó hasta que los huevos chocaban con su culo. Por fin lograba ver lo que tanto tiempo había deseado. Mientras tanto yo la sujetaba por la cabeza, y Teresa me hacia una soberbia mamada, otro hombre se la estaba follando. A duras penas lograba no correrme en su boca, cosa por cierto que algún día me gustaría conseguir y que se trague toda mi leche, aunque ella dice que la da mucho asco y yo tampoco quiero obligarla. También pasé la mano por debajo para tocarle el clítoris y para ver si Juan se la había clavado del todo, cosa que pude comprobar que así había sido, que la tenía incrustada hasta las bolas como se suele decir.
Juan le estuvo dando fuertes empujones clavándole la polla, en un metisaca frenético consiguiendo que Teresa tuviese varios orgasmos, algo que en Teresa no es difícil conseguir pues suele tener varios orgasmos en una sesión fácilmente, casi diría que es multiorgásmica.
Un beso de los dos y volveré para contaros otros encuentros.

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