Relato erótico

“Gorda” experiencia

Charo
17 de marzo del 2019

Hacia un tiempo de mil demonios y vio, en la acera, a una mujer que aparentemente estaba esperando un taxi. Se acercó y le preguntó si quería que la llevase. Era una mujer madura, metidita en carnes y, como pudo comprobar más tarde, más caliente que una estufa.

Paco – VALENCIA
Amigos de Clima, eran las once de la noche, y yo me paseaba en mi coche, con muchas ganas de hembra. Entonces, en la acera vi a una mujer que debía tener unos 45 años, más o menos, que por lo visto estaba esperando que pasara un taxi.
Como hacia mucho frío y empezaba a llover, me acerqué y le pregunté donde se dirigía. Ella se acercó a la ventana y me lo dijo, entonces la invité a subir y ella aceptó. Una vez dentro me agradeció, ya que hacía más de veinte minutos que esperaba un taxi y no pasaba ninguno, y se estaba muriendo de frío. Yo encendí la calefacción a toda potencia y le sugerí que se sacara el abrigo, que estaba un poco mojado. Ella se lo sacó, dejándolo en el asiento trasero. Al darse la vuelta, rozó mi brazo con una de sus tetas, que eran de un tamaño sorprendente.
– ¿Tu marido no te dice nada por estar hasta tan tarde en la calle?
– No – me dijo – mi marido trabaja fuera de Valencia, y viene solo los fines de semana, además yo trabajo en un hotel y ésta es mi hora de salida.
– ¿No te da miedo andar a esta hora en la calle?
– La verdad que sí, nunca antes me había subido a un coche con un desconocido, pero tú tan jovencito me inspiraste confianza.
– No te confíes, tú no sabes si yo puedo ser un depravado o un psicópata.
– No lo creo, con esa cara de angelito, además no creo que te intereses en una gorda como yo y tan vieja – dijo riéndose.
– Al contrario – le dije – como yo soy tan flaco siempre me han atraído las personas gordas, y con respecto a la edad, es el sueño de todo adolescente estar con una mujer mayor, que tenga experiencia.
– No lo puedo creer- añadió sonriendo…
– Es cierto, mi sueño siempre ha sido estar con una mujer mayor que yo y si tiene unas tetas como las tuyas, sería una fantasía hecha realidad.
En ese instante cambió su tono de voz, se sentó de lado mirándome y me pregunto:
– ¿No me dirás que yo te caliento?
– No sabes cuánto – le respondí.

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En ese momento su mano me tocó la polla, que estaba a punto de reventar. Entonces le pedí que me bajase la bragueta y ella, con las dos manos, me bajó la cremallera del pantalón, saliendo mi polla en todo su esplendor…
– ¡Que cosa tan grande! – exclamó.
En realidad sí bien es cierto, lo que le falta de gruesa, le sobra de larga, 28 cm. Sus manos gordas me la apretaron con fuerza y empezaron a manosearla de arriba abajo con mucha suavidad y yo mientras, con una mano en el volante y la otra entre sus piernas, buscaba un sitio apartado, donde estacionar.
– De tener dinero, te llevaría inmediato al hotel que acabamos de pasar, pero a falta de eso te partiré en dos en el asiento trasero – dije.
– Eso sí que no – me dijo – esta oportunidad no se me presenta dos veces en la vida, da la vuelta, que yo pago.
En minutos estábamos en el hotel y cuando volví de pagar la habitación, con el dinero que ella me dio, la encontré ya bajo las sabanas. En dos segundos me desvestí y me acosté a su lado, no sin antes observar el tremendo pedazo de mujer que me iba a follar. Cuando le dije que se sacara el sujetador, me dejó ver un par de tetas más grande que mi cabeza y como un desesperado empecé a chupárselas, como si se fueran a terminar. Tenía que agarrarlas con ambas manos, ya que una no era suficiente, mientras ella me apretaba la cabeza contra su pecho. Luego me senté sobre ella y le puse mi polla entre sus tetas, empezando a moverme mientras ella se las agarraba y me la apretaba. Mis movimientos cada vez se acercaban a su boca y en cada movimiento ella acariciaba mi punta con su lengua. Después le puse una almohada detrás de la cabeza, y sosteniendo mi polla con una mano se la metí en la boca. Ella soltó sus tetas y me agarró la polla con fuerza y empezó a chuparla desesperada, mientras yo jugaba con sus tetas entre mis bolas, hasta que, estando a punto de correrme le dije:
– Date la vuelta que te la meteré por detrás.
Me dijo que no, que por detrás nunca lo había hecho y que daba mucho miedo y yo le dije que se diera vuelta, pero que se la metería por el coño. Me bajé de ella y poniéndose a cuatro patas, me dejó delante de mis ojos un culo de tamaño descomunal. Incluso tuve que abrir sus nalgas con mis manos, ya que tal trasero no me dejaba ver dónde meterla. En un abrir y cerrar de ojos, yo estaba con mi polla dentro de su coño, aferrando sus tetas con mis manos. Parecía que se le iba a acabar el mundo y gritaba de placer. Yo tiraba de sus pezones, le agarraba su culo y trataba de meterle el dedo en su ano, pero estaba demasiado apretado. Así que mi dedo se fue a su coño y mojándolo con sus líquidos, empecé nuevamente a tratar de metérselo en el culo.

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Pero como no podía, me salí de ella y abriéndole sus nalgas, deslizaba mi lengua entre su raja hasta llegar a su coño, hasta que ella, con sus manos se sujetó sus nalgas, dejándome libres las manos para meterle mis dedos en el coño, al tiempo que con mi boca mojaba su agujero anal, metiéndole la lengua lo más adentro posible. En ese momento se corrió lanzando gritos de placer, dejándome la mano toda mojada.
Entonces me levanté y le coloqué mi polla a la entrada de su ano, ella se echó un poco adelante y me repitió que por ahí no. Yo le supliqué que me dejara orgasmar allí, pero que no la penetraría. Ella accedió mientras abría sus nalgas, yo coloqué la punta en la entrada de su agujero penetrándola solo un centímetro, ella se quejó y me dijo que hasta ahí, no más. Yo ya no podía aguantar y cuando empecé a correrme se la metí toda de golpe. Dio un grito de dolor, quedó tendida boca abajo, mientras yo soltaba mis últimos borbotones de leche.
Sin sacarla, me quedé sobre ella, mientras le decía que no la sacáramos para que se fuera acostumbrando, ya que ahora no estaba tan dura. Con movimientos suaves mi polla volvió a crecer dentro de ella y esta vez, empezó a gozar, ya que mientras la metía por detrás, mis manos jugaban rápidamente con su clítoris. Mi polla estaba a cien y mis movimientos eran cada vez más bruscos, lo que provocó dolor otra vez. Quería que la sacara y que me corriera en su boca. Dicho esto me coloqué de espaldas y me empezó a hacer una mamada como si se estuviera vengando por el dolor que le hice sentir.
Como no me gusta ser egoísta le pedí que hiciéramos un 69, colocándome lógicamente yo arriba. Como ella me lo chupaba tan rápido, no pude durar mucho tiempo, llenando su boca con semen, del cual, no se perdió ninguna sola gota, mientras se tragaba mi leche tuvo un orgasmo que casi me ahoga.
Una vez que la dejé en su casa, me dijo que ella esperaba un taxi todos los días a esa hora y que cuando yo quisiera la tendría. Yo por mi parte quedé más que satisfecho, pero vamos a dejar pasar un tiempo antes de volver a llamar a la gordita.
Saludos y gracias por leerme y más por publicar mi experiencia.

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