Relato erótico

Aquella noche lo cambió todo

Charo
6 de noviembre del 2019

El sexo funcionaba bien con su mujer y como se acercaba su aniversario de bodas decidieron hacerse un regalo muy especial. Después de hablarlo montaron un trío con una amiga. Fue la primera vez, pero no la última.

Mario – San Sebastián
Tengo 42 años y mi mujer es un año mayor que yo. Para ser honesto, no soy bien parecido y estoy excedido de peso, aunque en opinión de mi mujer y de las novias que tuve, tengo un encanto especial. Rosa, mi mujer se mantiene con muy buena forma y aunque no es una mujer espectacular, es bastante guapa y en mi opinión está bastante buena.
Hasta hace un año, nuestra vida sexual era muy normal. Las únicas variaciones interesantes que empezamos a experimentar los últimos dos años fue el sexo anal, cosa que, tras los primeros momentos de dolor, a ella le encantó, y amenizar nuestras folladas con relatos de fantasías, tanto de ella como mías.
El punto central de este relato se inicia hace un año, cuando celebrábamos nuestros 10 años de casados. Después de una muy buena follada hablamos sobre el regalo que cada uno quería por nuestro aniversario. De manera un tanto inocente y la verdad diciéndolo sin reflexionar, le propuse que como regalo de aniversario sería muy buena idea cumplir nuestras fantasías sexuales y cual no sería mi sorpresa cuando ella me respondió con un sugestivo tono de voz:
– Encuentro muy interesante tu idea, pero… ¿estás seguro?
El primer paso fue definir las fantasías y las reglas del juego. Queríamos montarnos un trío con una mujer bisex. Las dos reglas más importantes fueron que esto iba a ser por una única vez y que no íbamos a hablar nada al respecto después de que hubiera pasado.
Después de pensar en varias amigas, nos decidimos por una amiga del gimnasio, Maribel, una rubia de 27 años, flaquita pero con unas tetas grandísimas y bastante liberal. Su única condición fue que no me iba a mamar la polla, ni se la iba a meter por detrás. Fijamos el encuentro para un viernes.
Pues bien por fin llego el viernes y unos minutos después de las 9 de la noche, sonó el timbre. Era Maribel. Para romper el hielo y desinhibirnos, nos sentamos los tres en la sala y tomamos unas copas de cava. El ambiente era tenso y pese a que los tres sentíamos la electricidad sexual recorriendo nuestros cuerpos, nadie se atrevía a dar el primer paso y después de casi una hora y ya un poquito mareados por la bebida, Maribel rompió el hielo con sus palabras diciendo:
– Y bien, ¿donde está mi ropa?
Inmediatamente mi mujer se puso de pie, diciéndome:
– Nos vamos a vestir, no te vayas a poner pedo, porque esta noche vas a tener la follada de tu vida.
Lejos de incomodarse con el comentario, Maribel se incorporó al tiempo que agarraba mi verga sobre el pantalón. Las vi subir las escaleras imaginándomelas ya vestidas como unas putitas, con sus medias negras y tacones altos, abriendo sus nalgas para ver sus coños y culitos. La pura imaginación hacía que mi verga lubricara, dispuesta ya a entrar en sus deliciosos orificios.

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Me serví otra copa de cava dispuesto a esperar a mis dos mujeres y atento a oír el sonido de los tacones en la escalera o escuchar su llamada indicándome que subiera. Así pasaron 10 minutos. Otra copa. Otros 10 minutos y nada. Ya había pasado casi media hora y no me habían llamado, así que decidí subir a ver que pasaba. No quiero pecar de ingenuo pero la verdad no estaba preparado para lo que vi al abrir la puerta del cuarto. Ataviadas ya con su cachondo atuendo estaban mi mujer y Maribel enfrascadas en un cachondísimo beso. Apoyada sobre la cómoda, mi mujer aplastaba sus nalgas mientras Maribel sobaba pausadamente su húmedo coño. El contraste de los tonos de la piel blanca de mi mujer y morena de la otra y la visión de sus bocas unidas era sencillamente espectacular.
Mi entrada no las incomodó en lo absoluto. Solo Maribel se dignó a dirigirme una mirada al tiempo que mordía picarescamente los pezones de mi mujer. Los gemidos de Rosa indicaban que estaba gozando de los lindo con su experiencia lesbiana y ver los delgados dedos de Maribel entrar rítmicamente en el coño de Rosa, sacándolos de vez en cuando para dar pequeños golpecitos a su clítoris, hizo que mi verga se levantara al máximo. Yo ya estaba dispuesto a follarme a cualquiera de las dos putas, pero estaba disfrutando de lo lindo del espectáculo, así que decidí sentarme en la cama y seguir gozando de lo que antes solo había visto en videos porno.
Las dos cabronas supieron que me estaban calentando de lo lindo por lo que prosiguieron su exhibición y Rosa empujó a Maribel sobre la cama abriendo y levantando sus piernas, con los tacones apuntando al techo, para arremeter con su lengua el coño de Maribel y yo, aprovechando la situación, coloqué mi verga sobre la boca de Maribel, esperando en vano la caricia de su lengua al devorar mi polla, pues en ese momento olvidé que una condición de Maribel es que no le gusta mamar verga. Entonces fue el momento para deleitarme con sus tetas, un par de deliciosas montañas coronadas con pezones rosados. Al sentirse atacada por coño y tetas, Maribel empezó a temblar en un violento orgasmo, al tiempo que mordía mi oreja.
Aproveché el momento y la posición para colocarme en posición y meter mi verga en el coño de Maribel que, al sentir la embestida, cerró las piernas sobre mi espalda presionándome y manejando el ritmo con el que mi verga entraba en su húmeda cueva mientras Rosa se deleitaba mamando sus tetas y dándole unos besos con lengüetazos sabrosísimos, pero al sentir que estaba cerca de correrme saqué mi verga. No quería acabar tan pronto y desperdiciar las dos deliciosas mujeres con las que festejaba mis años de casado. Entonces me recosté y dejé que Maribel se montara sobre mi verga, controlando ahora yo con mis manos el sube y baja de su coño sobre mi polla. Verla clavada con sus medias negras y sentirla en una posición inmejorable por los tacones altos, era una experiencia paradisíaca.

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En un momento dado, mi vista se tapó cuando Rosa se sentó con su coño sobre mi boca dispuesta a gozar con mi lengua, y a la vez aproveché para empezar a dilatar su estrecho culito, estimulándolo con mis dedos en el borde y dándole pequeños empujoncitos. Ahí estábamos los tres, experimentando sexo por todos lados. Maribel bien ensartada con mi verga y recibiendo los besos y mamadas de tetas por parte de mi mujer, ya que habían quedado frente a frente. Rosa disfrutando de las tetas y boca de Maribel con mi lengua en su clítoris y mis dedos en su culo. Y por supuesto yo, mamando coño, deseando por el culo a mi mujer y sintiendo el sube y baja del chocho de Maribel sobre mi verga. Después de unos minutos en los que estuve gozando viendo la cachonda escena en el espejo de la habitación, Maribel se volvió a correr con sus ahora conocidos temblores, gritos y escalofríos.
Ahora era el turno de Rosa. Me senté sobre el borde de la cama para que ella colocara una pierna sobre la mesita de noche, sentándose sobre mi verga que amenazaba con explotar. Moviendo sus caderas hacia delante y atrás y después hacia los lados, para después hacer repentinas paradas intermitentes, Rosa me estaba haciendo gozar al máximo y por si eso no fuera poco, Maribel me acercaba sus tetas a la boca para que chupara y mordiera sus deliciosos pezones.
De pronto, Rosa se sacó mi verga de su coño para situarse sobre la cama, a cuatro patas, diciéndome:
– Acaba ya lo que empezaste.
Rápidamente Maribel se recostó de modo que Rosa pudiera mamar nuevamente su coño mientras era follada por mí. Su culo se mostraba ya dispuesto a recibir la embestida de mi verga por lo que saqué un poco de lubricante y lo coloqué en las paredes de su pequeño túnel del amor para después proceder a meter mi verga suavemente. Después de 10 años de matrimonio allí estaba yo, follándome a mi mujer por el culo mientras ella le mamaba el coño a una precosa putita, que resultó sorprendentemente lesbiana. Ya era demasiado para mí y después de unos minutos, no pude contenerme más e inundé con mi corrida el culo de mi mujer, apenas un poquito dilatado y chorreando con la corrida.

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Cansado y todavía medio acalambrado por la deliciosa corrida, me acosté disfrutando de otro copa, pensando que ya todo había acabado, pero sin darme cuenta que, acostadas, descansando, Rosa y Maribel ya se estaban metiendo mano mutuamente. Con mi verga flácida después de las soberbias folladas, me dispuse a ver nuevamente el espectáculo de mi mujer y mi ex empleada gozando de lo lindo y después de ver por largo tiempo el cachondo show y tal vez por las copas, mi verga no respondió por lo que la noche entera fue de Maribel y mi mujer, que aprovecharon la capacidad multiorgásmica de la mujeres, las muy cabronas, para deleitarse por horas y horas una con otra.
No sabía todavía en ese momento, lo que esa noche iba a significar para mi vida sexual pero bueno, eso es material de otro relato.
Saludos y hasta pronto.

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