Relato erótico

Al final, un verano divino

Charo
16 de diciembre del 2018

Hace de canguro del niño de la vecina y cuando llego el verano le dijeron si podía ir con ellos a la costa y hacerse cargo también de dos sobrinas. Tenían un negocio y tenían que viajar asiduamente a Barcelona para controlarlo.

Marta – Barcelona
Empezaré diciéndote que mi nombre es Marta, que tengo 24 años y soy de Barcelona. Físicamente soy morena con el pelo corto, mis pechos son grandes, una talla 100, y no están caídos, se podría decir que están bien puestos, aunque quizá demasiado grandes. Soy más bien bajita, un culito muy mono y un tipín que quita el sueño. Mi chochete es morenito, aunque lo llevo rapadito, pero no del todo. Me lo cuido mucho.
Esto que voy a contar empezó a mediados de agosto, cuando mi vecina, a la que le cuido su nene de cuatro años, me dijo que si quería irme de vacaciones con ellos para poder ayudarle en el cuidado de su hijo y de dos sobrinas también pequeñitas. Ella, su marido y sus cuñados tenían que viajar con asiduidad a Barcelona para controlar su empresa que no cerraba por vacaciones. Por lo tanto si estaba yo con ellos, podían viajar con libertad. Lo que no se me había ocurrido pensar es que con nosotros vendría también Pol, el hermano de las dos niñas.
Era un chico de 19 años al que yo ya conocía y consideraba muy majo, pero nunca había pensado que podría liarme con él. Durante los primeros días de estancia allí, sus padres y sus tíos, se ausentaron. El venía conmigo, hablábamos, me contaba sus cosas y se puede decir que nos hicimos grandes amigos. Me extrañó que hubiera cambiado a su pandilla de verano por mí, pero no le di mayor importancia. Pero un día descubrí que lo que él sentía por mi era algo más que amistad y que sentía una fuerte atracción sexual hacia mi. Me di cuenta de que no apartaba sus ojos de mi. Repasaba mi cuerpo con deleite. Algunas noches cuando iba a acostar al niño pequeño, él venía para ver como estaba. Tengo la costumbre de acostarme con una camisa cortita que dejan al aire mis muslos. El tío se quedaba embobado mirando.
Uno de los días, después de su puntual visita, oí que entraba en el lavabo. Sospechando lo que ocurría, me levanté de la cama y fui hacia el lavabo para poder escuchar lo que estaba haciendo y efectivamente, se estaba masturbando. Sus gemidos eran inconfundibles. Al darme cuenta de la gran excitación que sentía por mi, a partir de entonces empecé a comportarme como si fuera una buscona, la cual cosa hacía que más de una vez notara un gran bulto en su pantalón. Mi intención no era, en principio, la de follar con él, simplemente me excitaba y me gustaba que pudiera poner cachondo alguien de su edad y aún más saber que esa persona se masturbaba pensando en mi.
Un día pensé en la manera de ponerle a mil por hora y le dije, que podíamos ir a bañarnos a una playa nudista. Menuda sorpresa que se llevó.

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-¿Es obligatorio estar desnudo? -me preguntó con cara de susto y temblándole la voz.
Le contesté con un “no” rotundo que le tranquilizó y se quedó en bañador, pero su sorpresa aumentó cuando empecé a desnudarme. Yo iba con unos pantalones tejanos muy cortos, de los cuales sobresalía un buen trozo de mis nalgas, y un top. Su siguiente sorpresa fue al quitarme dicho pantalón y poder admirar mi hermoso culo cubierto levemente con un sugerente tanga de color rojo. Pero casi babea cuando me quite el top y dejé al aire mis enormes tetas.
Miré hacia su bañador y pensé que le iba a estallar. Pero lo mejor vino al sacarme el tanga y quedarme como mi madre me había traído al mundo. No podía quitarme ojo, y a mi, también me excitaba la situación. De pronto vi que se sacaba el bañador. ¡Vaya pedazo de polla que tenía! Nunca hubiera imaginado que tuviera ese “cañón”. Era una polla grande como ninguna y puedo asegurar que he visto y probado muchas. La tarde transcurrió muy normal hasta que, una de las veces que entramos en el agua, se acercó, y empezó a magrearme. Me cogió por detrás, tocándome el chocho y las tetas de una manera excepcional y no pude evitar notar en mi culo se enorme capullo. Todo aquello me puso a cien pero tenía que disimular así que, con cierto enfado, le dije:
– Déjame… ¿quien crees que eres tú para hacerme eso?
En pocas palabras, lo mandé a tomar viento y nos fuimos para casa sin dirigirnos la palabra y así estuvimos unos días. La verdad es que no sé por qué, pero esa situación me excitó mucho y además ese verano yo estaba muy necesitada de sexo, tanto es así que más de una noche no podía evitar masturbarme en la cama pensando en lo sucedido. Entonces decidí que eso iba a acabar y que tenía que follarme como fuera esa inmensa polla.
Uno de los días en los que nos quedamos solos con los nenes pequeños, una vez dormidos estos y Pol viendo la tele, me puse mi tanga preferido de color negro, acompañado de un camisón súper corto, del cual se me transparentaba todo, y me fui al comedor, me senté a su lado y le pedí perdón por mi enfado anterior, entablamos una conversación que yo acompañaba con posturas y movimientos de una auténtica puta.
– ¡No puedo más! – le dije estallando de pronto – ¡Quiero que me folles por todas partes!

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Sin esperar su respuesta, me senté encima de él empezamos a besarnos de manera brutal y desesperada mientras sus manos empezaban a jugar con mis pechos por debajo del camisón. Me lo quité y me quedé simplemente en tanga. Comenzó a chuparme las tetas sin parar, dejándome notar como si su pantalón de pijama fuera a romperse por la tensión de su polla. Entonces se lo quité, dejándole en pelotas e inclinándome, empecé a hacerle una mamada como nunca había hecho. No sabía lo que me pasaba, no podía controlarme, no podía parar. Su polla era tan grande que la cogía con las dos manos y aún sobresalía todo el capullo. Algunas veces me lo sacaba de la boca y me pasaba aquella “cabezota” por entre mis tetas
El chaval estaba muy caliente, me estaba haciendo una paja y me metía dos de sus dedos en mi mojado coño. Mis caderas se movían para darme más gusto. Me corrí solo con aquella paja. Estaba tan excitada, que me senté con fuerza encima de su polla. El, se levantó, me cogió, me tiró contra la pared y levantando una de mis piernas con la mano, introdujo su polla en mi coño. Me estremecí de gusto. Sentir aquel enorme trozo de carne dura me hizo correr otra vez. El muy cerdo me está follando con tanta fuerza que me daba la sensación de que rompía el coño. De pronto se estremeció, la sacó y se corrió en mi barriga. Tenía tanta leche en sus huevos que me salpico toda. Las tetas, la cara, el pelo…. Cuando vi que aquel chorro paraba, le dije:
– Por favor, no pares, vuélvela a meter…
Él me dijo que por supuesto que me volvería a follar, pero que quería ir al baño y fumarse un cigarro. Pero yo estaba tan caliente, que en cuanto entró en el baño, empecé a coger la leche que tenía por mi cuerpo y me hice una paja. Después me puse los dedos en el chocho y me lo folle, estaba tan caliente que me corrí. Perdí la noción del tiempo, y cuando abrí los ojos, lo encontré delante de mi mirándome, y tocándose su enorme pollón. Sonriendo, me dijo:
– Eres una mujer muy caliente, y como puedes ver, yo vuelvo a estar a punto para metértela.
Me levanté del sofá y me puse de rodillas y le enseñé mi coño por detrás, gritándole:
– ¡Fóllame el coño por detrás!
Así lo hizo en plan bestia hasta que le dije que me metiera dos dedos en el culo mientras me daba por el chocho. Al poco rato me volví a correr como nunca, pero yo ya no podía parar y quería más. Sin decir palabra, sacó la polla de mi coño y con gran sorpresa y dolor por mi parte, me la metió por el culo. Me encanta que me lo hagan por ahí pero el enorme grosor de su verga, me hacía gritar de dolor. Le gritaba que me la sacara, pero suavemente me dijo:

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-Tranquila cariño, la meteré despacito y te voy a dar un gusto de muerte.
Pronto el fuerte dolor pasó a ser placer. Aquello era increíble. Mientras me la metía por el culo, metía también sus dedos en mi coño. Me estaba estrujando por todas partes hasta que, sacando su polla, se corrió en mi espalda. En cuanto acabo de correrse, se puso delante de mí para que le limpiara el rabo y acabara de tragarme la leche que le salía.
– ¿Vas a poder seguir? – le pregunté y al decirme que no, le supliqué – Pues, por favor al menos chúpame el coño, no me dejes así…
Como estaba cansado, acerqué una silla a la mesa del salón y me tumbé. Era un experto comedor de coños. Su lengua se movía lentamente de adelante hacia atrás. Cuando encontraba el clítoris, lo lamia suavemente. Me corrí tres veces seguidas. El muy guarro, levanto la cara y dijo:
-¿Crees que vas a aguantar otra comida de coño o te rindes?
Le dije que continuara, que estaba muy caliente. Perdí la cuenta de las veces que me corrí, pero si puedo decir que cuando me levanté, las piernas no me sostenían.
-No puedo más – le dije – Ha sido increíble.
-Como mínimo, chúpamela, mientras te comía el chocho se me ha levantado otra vez – me contestó.
No me negué. Se la chupé enterita, mientras le hacía una paja, hasta que se corrió, esta vez en mi boca. Nunca pude imaginarme que eso me ocurriera y menos con un chico de 19 años. Tuve que irme a duchar. Tenía el cuerpo lleno de su jugo. Sin ninguna duda esta ha sido la vez que más he disfrutado en toda mi vida. Pol y yo nos hemos vuelto a ver muchas veces pero salvo un típico comentario de tío machito que me hizo al día siguiente, no hemos hablado del tema ni lo hemos vuelto a hacer, aunque me encantaría y supongo que a él también. Pero una vez en la ciudad, las cosas son más complicadas. Sin más, te mando un saludo muy grande.

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