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¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES EN EL CONSUMO DEL PORNO?
Si la pornografía contempla a las sociedades marginadas, como han sido prostitutas, homosexuales, lesbianas y transexuales, ¿porqué no le presta más atención a la mujer hetero?
Una vez más insistimos. Cierto es que, en su gran mayoría, las mujeres borran la palabra pornografía de sus diccionarios. Gilles Lipovetsky, filosofo y sociologo francés, autor de La Tercera Mujer, dedica un capítulo a este tema. Su argumento es simple. Al mostrar a la mujer como objeto de deseo, esta no se identifica con esa imagen. Al no verse retratada se siente rechazada y le causa una repulsión rotunda. Sin embargo, este concepto, que resulta ser cierto, ha conllevado a varias ideas equivocadas.
Ni a la mujer le gusta el sexo ni la pornografía. No le gusta tratar al hombre como objeto, ni mucho menos ser una fresca que se abre de piernas.
El término «pornografía» procede de las palabras griegas πόρνη («pórnē», «prostituta») y γράφειν («gráphein», «grabar, escribir, ilustrar») y el sufijo -ία (-ía, «estado de, propiedad de, lugar de»), teniendo por lo tanto el significado de «descripción o ilustración de las prostitutas o de la prostitución». Hay que decir, sin embargo, que el término es de aparición reciente, pues en la Antigua Grecia nunca se usó la palabra «pornografía» y el uso más antiguo de que se tiene constancia es, en francés, de la década de 1800.
¿Quién sacó estas conclusiones?
Ni idea, pero trataremos la cuestión como una imposición de carácter social. Algo, en lo que, tristemente, las mismas mujeres han colaborado para que sea así. Obviamente, siempre culpamos a las religiones pero no basta con conformarse con tal respuesta. Hay que profundizar. No consideramos normal creerse que nadie pensaba por sí mismo en otras épocas. Porqué, hoy en día, personas no practicantes, sufren del mismo síntoma: silencio y vergüenza. Vivir con la preocupación del qué dirán y dejar de ser un@ mism@. El dejarse llevar por los dogmas establecidos junto a un bombardeo dictatorial que controla nuestra forma de vivir mediante anuncios masivos y otros medios.
El porno no es real, es ciencia ficción.
¡Señor@s! ¿Acaso no es más dañina una película romántica llena de conceptos engañosos y pasteleros, que una película porno que es pura ciencia ficción? En el caso de las prácticas violentas ¿de quién es la culpa? ¿De las películas de acción y terror o de las personas quiénes lo ponen en práctica? No hace falta subrayar que lo que vemos en la pornografía no es real. ¿Acaso nuestras fantasías lo son? ¡Una película es una película! Sin embargo, una persona tiene el don de pensar, decidir, escoger… Y parece ser que más de una tiene olvidado poner en praxis sus propias facultades. Si investigan e indagan un poco, en internet, pueden encontrar grandes maravillas del porno sean de los años 60-70 o sean de ahora. Contra gustos no hay nada escrito, por tanto, no se conformen con las imágenes estándares del tipo fast food. Actualmente, se ha enclaustrado al porno en una única etiqueta: el mete saca, la corrida en la cara sonriente, tetas, coños, culos y ni un sólo cuerpo masculino de buen ver… todo es ella, ella y ella. Nosotras no nos conformamos con lo que existe… es decir, prácticamente no hay nada que se dirija a nosotras.
¡Exigimos un cambio! Queremos que los señores del porno mire de cara a las mujeres y nos inviten a entrar a ver porno.